rauloscar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aun retumba aquende
el rumor del amor que te llevaste,
las gotas del desconsuelo invaden
los surcos de mi cara palidecida,
el día se viste de gris y las hojas
de los arboles se besan en el viento,
Burlando la soledad de mi ser.
Mas allá, en el confín del cielo,
la tarde abre sus puertas a la luna,
el ultimo séquito de pájaros regresa
a sus nidos y el color de la noche
se instala ante el reflejo de mis ojos.
La música, trémula en mis oídos
acordes que habitan tu recuerdo,
de ellos, mi pena deambula sin destino
queriendo alcanzar el ultimo suspiro
de tu aliento. Ando en el apuro pisando
las huellas que quedaron de tu sombra.
Tras de mí, la realidad irrumpe, las caricias de tus manos.
Mi voz se duerme quebrada de tanto ulular tu nombre,
la humedad de mi sangre intenta desbordar mis venas
y me voy, me dejo llevar aquende al rumor del amor,
que te llevaste.
el rumor del amor que te llevaste,
las gotas del desconsuelo invaden
los surcos de mi cara palidecida,
el día se viste de gris y las hojas
de los arboles se besan en el viento,
Burlando la soledad de mi ser.
Mas allá, en el confín del cielo,
la tarde abre sus puertas a la luna,
el ultimo séquito de pájaros regresa
a sus nidos y el color de la noche
se instala ante el reflejo de mis ojos.
La música, trémula en mis oídos
acordes que habitan tu recuerdo,
de ellos, mi pena deambula sin destino
queriendo alcanzar el ultimo suspiro
de tu aliento. Ando en el apuro pisando
las huellas que quedaron de tu sombra.
Tras de mí, la realidad irrumpe, las caricias de tus manos.
Mi voz se duerme quebrada de tanto ulular tu nombre,
la humedad de mi sangre intenta desbordar mis venas
y me voy, me dejo llevar aquende al rumor del amor,
que te llevaste.
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