Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
Licántropo me siento,
sediento
de sangre marchita.
Me invita
a evadir mi suerte;
en busca de la muerte,
el claustro inevitable,
sombrío y deleznable,
de laberintos oscuros,
cuyos mohosos muros
plagados de gusanos
excitan inhumanos
deseos de venganza.
Se anuncia nueva alianza
entre insectos y serpientes;
parece que las mentes
de un mundo libertino
avanzan hacia un sino
oscuro y tenebroso.
Yo zombi horroroso,
yo muerto maloliente,
yo brujo impertinente,
me abrazo al vampirismo
víctima de un sismo
de emociones confrontadas.
Alienadas
están las esperanzas
de inútiles andanzas
en medio de la luz.
Tan sólo resta el pus
de heridas siempre fieles;
entre pócimas o hieles,
a consolar mi oscura alma
envuelta en una salma
eterna....interminable.
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sediento
de sangre marchita.
Me invita
a evadir mi suerte;
en busca de la muerte,
el claustro inevitable,
sombrío y deleznable,
de laberintos oscuros,
cuyos mohosos muros
plagados de gusanos
excitan inhumanos
deseos de venganza.
Se anuncia nueva alianza
entre insectos y serpientes;
parece que las mentes
de un mundo libertino
avanzan hacia un sino
oscuro y tenebroso.
Yo zombi horroroso,
yo muerto maloliente,
yo brujo impertinente,
me abrazo al vampirismo
víctima de un sismo
de emociones confrontadas.
Alienadas
están las esperanzas
de inútiles andanzas
en medio de la luz.
Tan sólo resta el pus
de heridas siempre fieles;
entre pócimas o hieles,
a consolar mi oscura alma
envuelta en una salma
eterna....interminable.
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