Mujer de lágrimas dulces

chemiguel

Poeta recién llegado
Yo la miré y pude notar que lagrimeaba,
hacía ella me acerqué con la intención de consolarla;
y me dijo-“No te acerques déjame llorar”
entonces me detuve tan sólo a contemplarla.

Pude notar que en sus ojos había huellas,
de un pasado que borraba con sus lágrimas,
y siendo una mujer muy blanca su tez lucia pálida,
como si su sangre se fuera en el llanto que brotaba.

Miré aquellos ojos de mujer sagrada,
saqué mi pañuelo, perdón le dije-“quiero secar tu llanto”;
y levantó su vista y se me quedó mirando,
me extendió su suave mano y la sentí temblando.

Me dijo entre palabras cortadas,
“Por favor, dime tu nombre para no olvidarlo;
y dónde un hombre como tú, yo podría encontrarlo”
cerró sus bellos ojos y continúo llorando.

“Me llamo José Miguel y me apodan El bardo,
por las cosas que me invento, los muchachos de mi barrio”;
entonces ella sonrió y yo le dije-
“Mujer que lindos son tus labios”

Por sorpresa se acercó y me beso, sin poder evitarlo,
y la traje hacía mi pecho y la apreté en mis brazos;
y le dije-“Mujer de lágrimas dulces,
aquí tienes a tu hombre, ya no tienes que buscarlo”.
 
Yo la miré y pude notar que lagrimeaba,
hacía ella me acerqué con la intención de consolarla;
y me dijo-“No te acerques déjame llorar”
entonces me detuve tan sólo a contemplarla.

Pude notar que en sus ojos había huellas,
de un pasado que borraba con sus lágrimas,
y siendo una mujer muy blanca su tez lucia pálida,
como si su sangre se fuera en el llanto que brotaba.

Miré aquellos ojos de mujer sagrada,
saqué mi pañuelo, perdón le dije-“quiero secar tu llanto”;
y levantó su vista y se me quedó mirando,
me extendió su suave mano y la sentí temblando.

Me dijo entre palabras cortadas,
“Por favor, dime tu nombre para no olvidarlo;
y dónde un hombre como tú, yo podría encontrarlo”
cerró sus bellos ojos y continúo llorando.

“Me llamo José Miguel y me apodan El bardo,
por las cosas que me invento, los muchachos de mi barrio”;
entonces ella sonrió y yo le dije-
“Mujer que lindos son tus labios”

Por sorpresa se acercó y me beso, sin poder evitarlo,
y la traje hacía mi pecho y la apreté en mis brazos;
y le dije-“Mujer de lágrimas dulces,
aquí tienes a tu hombre, ya no tienes que buscarlo”.

Buen trabajo, saludos
 

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