Felizmente muerto
Sonriele a la Vida... y a la Muerte.
Réquiem para la Princesa.
Esa noche, lejos en el cementerio, en lo más alto de la colina
Escuche el chelo, frió y severo, cortaba el silencio con esmero.
Le guiaba una voz, delicada y poderosa, propia de una diosa.
A su canto respondía la noche, y la Luna brillaba con derroche.
Embelezado fui tras la sonata, crucé el camino de blancas lapidas
Aprecie dos figuras una baja, y otra alta
La mayor sostenía el chelo, le descubrí por sus rojos ojos, era Eliot
La menor de tierno semblante, y poderosa voz de soprano infante
Era Gesibelle.
En un marco de oscuridad salpicado de plateados reflejos
Sobre una piedra negra le halle, mi Princesa Elfo.
Vestía de negro, sus rojos cabellos cubrían su pecho
Su piel lechosa, su figura voluptuosa
Olvide mis pocas alegrías al verla ahí
Y con ella desee morir.
Le recordé como le había conocido
Llena de vida, mi idilio
Mis venas pedían a grito su piel
Que en el lecho de muerte era tan dulce, como la sangre para un Vampiro es.
Quise besarla, contra mi cuerpo frotarla
Calmar las ansias que exigía mi ser.
Entonces pude ver, a un tercero aparecer.
Le miró con odio y le besó, para luego unirse a los otros dos.
El chelo subió su nota agresiva
La voz de la soprano se tornaba maldita
La noche en si, se hacia mas negra
Mi temor me acobijo, con su manto de horror.
A los otros les vi llorar de hipocresía
Solo por Eliot lo hacían.
En un mar de fuego
La piedra observe estallar
De mi princesa el cuerpo,
No pude apreciar.
Llore, le dije adiós
El recuerdo de su último beso, a mis labios sacudió
Mi dulce Leonor
De orejas en punta y gran pasión
Mi amor.
Nunca más probaría sus labios
Nunca más uniríamos nuestros cuerpos
Solo su recuerdo
Ahora tan lejano, yacerá en mí
Hasta que sea mi hora de morir.
Su sangre por mi paladar no correrá más
Su fuerte gemido de dolor lascivo no volveré a escuchar
Tan difícil dejarla ir
Porqué tuve que beber sin fin.
Porqué tuve que ser yo quien le diera el fin.
Aun recuerdo la sed que me invadía
Y su último aliento de vida
Ella moría, yo renacía.
El rojo de la pasión se hizo mortífero
Oscuro y efímero.
Asustado huí
Evadiendo la realidad que mí mente aceptaba
Mas mi corazón negaba.
Mi dulce Princesa, muerta estaba
Y su sangre mi cuerpo llenaba.
Mi mente se perdió en recuerdos
Mientras el ritual acababa junto al chelo.
La noche se tornaba más fría
Y sin embargo, su cuerpo ardía
De forma grotesca imagine
La hoguera haciéndole el amor
A su cuerpo devolviéndole el calor.
Cerré los ojos y llore
Las lagrimas de sangre
Me devolvieron la sed.
Esperé al final
Cuando todos se habían marchado
Encontré sus labios en su cuerpo quemado
Los bese sintiéndoles desaparecer
Bajo la brisa fría del anochecer.
Le deje ahí, vuelta cenizas
Y con la próxima brisa me escurrí
Sintiendo el dolor en mí.
Adiós, mi dulce Princesa Elfo
Adiós. Mi amada doncella de negro.
No esperes por mí, no estoy seguro de ir.
Y esa noche con dolor presencié
Para mi dulce Princesa
Su Réquiem.
Esa noche, lejos en el cementerio, en lo más alto de la colina
Escuche el chelo, frió y severo, cortaba el silencio con esmero.
Le guiaba una voz, delicada y poderosa, propia de una diosa.
A su canto respondía la noche, y la Luna brillaba con derroche.
Embelezado fui tras la sonata, crucé el camino de blancas lapidas
Aprecie dos figuras una baja, y otra alta
La mayor sostenía el chelo, le descubrí por sus rojos ojos, era Eliot
La menor de tierno semblante, y poderosa voz de soprano infante
Era Gesibelle.
En un marco de oscuridad salpicado de plateados reflejos
Sobre una piedra negra le halle, mi Princesa Elfo.
Vestía de negro, sus rojos cabellos cubrían su pecho
Su piel lechosa, su figura voluptuosa
Olvide mis pocas alegrías al verla ahí
Y con ella desee morir.
Le recordé como le había conocido
Llena de vida, mi idilio
Mis venas pedían a grito su piel
Que en el lecho de muerte era tan dulce, como la sangre para un Vampiro es.
Quise besarla, contra mi cuerpo frotarla
Calmar las ansias que exigía mi ser.
Entonces pude ver, a un tercero aparecer.
Le miró con odio y le besó, para luego unirse a los otros dos.
El chelo subió su nota agresiva
La voz de la soprano se tornaba maldita
La noche en si, se hacia mas negra
Mi temor me acobijo, con su manto de horror.
A los otros les vi llorar de hipocresía
Solo por Eliot lo hacían.
En un mar de fuego
La piedra observe estallar
De mi princesa el cuerpo,
No pude apreciar.
Llore, le dije adiós
El recuerdo de su último beso, a mis labios sacudió
Mi dulce Leonor
De orejas en punta y gran pasión
Mi amor.
Nunca más probaría sus labios
Nunca más uniríamos nuestros cuerpos
Solo su recuerdo
Ahora tan lejano, yacerá en mí
Hasta que sea mi hora de morir.
Su sangre por mi paladar no correrá más
Su fuerte gemido de dolor lascivo no volveré a escuchar
Tan difícil dejarla ir
Porqué tuve que beber sin fin.
Porqué tuve que ser yo quien le diera el fin.
Aun recuerdo la sed que me invadía
Y su último aliento de vida
Ella moría, yo renacía.
El rojo de la pasión se hizo mortífero
Oscuro y efímero.
Asustado huí
Evadiendo la realidad que mí mente aceptaba
Mas mi corazón negaba.
Mi dulce Princesa, muerta estaba
Y su sangre mi cuerpo llenaba.
Mi mente se perdió en recuerdos
Mientras el ritual acababa junto al chelo.
La noche se tornaba más fría
Y sin embargo, su cuerpo ardía
De forma grotesca imagine
La hoguera haciéndole el amor
A su cuerpo devolviéndole el calor.
Cerré los ojos y llore
Las lagrimas de sangre
Me devolvieron la sed.
Esperé al final
Cuando todos se habían marchado
Encontré sus labios en su cuerpo quemado
Los bese sintiéndoles desaparecer
Bajo la brisa fría del anochecer.
Le deje ahí, vuelta cenizas
Y con la próxima brisa me escurrí
Sintiendo el dolor en mí.
Adiós, mi dulce Princesa Elfo
Adiós. Mi amada doncella de negro.
No esperes por mí, no estoy seguro de ir.
Y esa noche con dolor presencié
Para mi dulce Princesa
Su Réquiem.
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