Desde la ventana (o. de panthoseas)

eledendo

Poeta asiduo al portal
¡ ... Carlitos, Carlos... ! aún es mi madre desde la ventana:
viuda repentina y limpiadora de mocos y mugres de toda clase y fuste, eso fue mi madre;
... si no supiera que se abrasó el aliento y también las manos y la vida para criarme,
si no tuviera la certeza de que se arrancó del alma el vendaval del cuerpo
para tenerme en sus ojos, hoy, de forma constante y tronándome, no me saldría esta voz
de dentro diciéndome: ¡ Caín, Caín, que has hecho con tu madre... !
“... irás al colegio, al mejor, y serás abogado”, me dijo, cogido de la mano,
tropezando y entrecortándose cuando volvíamos del entierro de mi padre;
¡ ... y qué baldón, qué sierpe de colores y muerte me tocó en el hombro cuando fui abogado,
en qué ciénaga de olvido sumergí mi triunfo y usurpé mis horas de ilusorio fulgor,
qué desvarío, Gran Dios, qué calamidad y qué urdimbre !
... ardo en frío, en miedo y soledad; me muero, madre;
¿ ... te acuerdas ? sobre aquella camilla con hule verde y a cuadros, mano a mano jugábamos
a las damas y al parchís los domingos por la tarde; te quiero; pero ahora continúa
y sigue donde estés y no te asomes, no me veas, no vuelvas: ahora los domingos no llegan, no existen;
y además, si nos matan, no le damos importancia; no vengas madre, no vengas, no regreses nunca.



orión de panthoseas […de la 1ª. parte del “Libro de Ahab”]
http://oriondepanthoseas.com
(Weblog literario del autor: poesía, relato, novela, filosofía y otros)
 
¡ ... Carlitos, Carlos... ! aún es mi madre desde la ventana:
viuda repentina y limpiadora de mocos y mugres de toda clase y fuste, eso fue mi madre;
... si no supiera que se abrasó el aliento y también las manos y la vida para criarme,
si no tuviera la certeza de que se arrancó del alma el vendaval del cuerpo
para tenerme en sus ojos, hoy, de forma constante y tronándome, no me saldría esta voz
de dentro diciéndome: ¡ Caín, Caín, que has hecho con tu madre... !
“... irás al colegio, al mejor, y serás abogado”, me dijo, cogido de la mano,
tropezando y entrecortándose cuando volvíamos del entierro de mi padre;
¡ ... y qué baldón, qué sierpe de colores y muerte me tocó en el hombro cuando fui abogado,
en qué ciénaga de olvido sumergí mi triunfo y usurpé mis horas de ilusorio fulgor,
qué desvarío, Gran Dios, qué calamidad y qué urdimbre !
... ardo en frío, en miedo y soledad; me muero, madre;
¿ ... te acuerdas ? sobre aquella camilla con hule verde y a cuadros, mano a mano jugábamos
a las damas y al parchís los domingos por la tarde; te quiero; pero ahora continúa
y sigue donde estés y no te asomes, no me veas, no vuelvas: ahora los domingos no llegan, no existen;
y además, si nos matan, no le damos importancia; no vengas madre, no vengas, no regreses nunca.


orión de panthoseas […de la 1ª. parte del “Libro de Ahab”]
http://oriondepanthoseas.com
(Weblog literario del autor: poesía, relato, novela, filosofía y otros)

Estimado elendo, tu poema es un desgarrador lamento de frustración, dando a entender que si bien has alcanzado las expectativas de tu madre, los resultados no han sido los esperados, y ya no hay forma de volver a esos domingos de parchis. La profundidad de tu poema es enorme, pero recuerda que las dos obras literarias más grandes de la humanidad, El Quijote y La Metamorfosis de Kafka, se gestaron en mentes destruídas por la frustración y el menoscabo de parte del prójimo, dando lugar a la iluminación del cinismo y el grotesco, hasta niveles sublimes. Tu has logrado belleza de una situación que al menos, no le quieres mostrar a tu madre.
Un abrazo,
edelabarra
edelabarra
 

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