Mitra
Poeta adicto al portal
A las sombras de la verja
que pintaron las mañanas
se rindió el tiempo
en su crepitar descosido.
La perenne voz quebrada
que Malena de Toledo
perdió entre los juicios
del asfalto sin ventilar.
El tacón de la noche
mutó en el hormiguero
de unos ojos pardos
mirando para atrás.
Los tablones pegajosos
con sudor van a crisparse
sin más dosis; fiebres
perdidas en vendaval.
¿Será que en la palma
de la vereda y su lamento
sabiendo a alcohol malevo
se enfermó y dejó llevar?.
Y de aquellos rumores
del sabor triste y dulzón
quedó una llaga; brecha
de la arena que pasó,
por el panteón erguido
la cal de las milongas
- pasión de pasos en las venas,
con olor a madrugadas-
que hacían reír a la lágrima
y llorar al bandoneón.
Se fumó el conventillo
y su diafragma de navaja
ya una villa a gatillo
calibre treinta y dos;
tus guapos se han marchado
y hay pibes en la ruleta,
mi sien entre sus manos;
crisálida la tiza, se empañó.
Las pupilas de neón
con sus mosaicos de graffiti
dejan entre las comisuras
de adoquines en clamor,
un fileteado fermentado
que en su alquimia se hace gris.
Llora el violín y su esmalte
piel de barrios,
no quiere ser opaco
y grita con su barniz.
Ya los burdeles pedalearon
en la amazona de suburbios
con los ecos de los baldíos
en harapos fluorescentes;
dislocando un piano borracho,
ya horizontes son bengalas;
matices del mismo incienso
¡más allá del terraplén!.
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