Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
Veladas intenciones
esconden las jaurías del desastre,
no aceptan el clamor de la esperanza,
rechazan sin más el poder de los debates,
escupen infames; sobre el fragor de libertades,
son sordos a los gritos del asfalto,
de la piedra y del arado.
Veladas intenciones
asechan a los pueblos redentores,
la reconciliación ha sido amenazada
por veneno de serpientes y alacranes
fingiendo el devenir de los decesos,
negando la existencia del contrario
que le adversa.
No existe nadie más que ellos mismos
no hay pueblo más allá de sus narices;
me siento alienado,
pues somos invisibles ante aquellos:
los funestos gobernantes del ocaso.
Se niegan a reconocer a nadie más
que no sea del fulgor de llamaradas,
de incendios y desvaríos delirantes.
Se niegan a ver a nadie más
que no sean los fanáticos violentos
que han puesto ellos mismos
sobre altares y pedestales ilusorios.
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esconden las jaurías del desastre,
no aceptan el clamor de la esperanza,
rechazan sin más el poder de los debates,
escupen infames; sobre el fragor de libertades,
son sordos a los gritos del asfalto,
de la piedra y del arado.
Veladas intenciones
asechan a los pueblos redentores,
la reconciliación ha sido amenazada
por veneno de serpientes y alacranes
fingiendo el devenir de los decesos,
negando la existencia del contrario
que le adversa.
No existe nadie más que ellos mismos
no hay pueblo más allá de sus narices;
me siento alienado,
pues somos invisibles ante aquellos:
los funestos gobernantes del ocaso.
Se niegan a reconocer a nadie más
que no sea del fulgor de llamaradas,
de incendios y desvaríos delirantes.
Se niegan a ver a nadie más
que no sean los fanáticos violentos
que han puesto ellos mismos
sobre altares y pedestales ilusorios.
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