AIBAEZA
Poeta adicto al portal
Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
Tú me llamas, amor
Luis García Montero
Despertar
Se despereza tu respuesta entre las sábanas.
Estiramos los párpados y el amor
y, mientras el tilo prolonga
tu desnudez de amanecida en la ventana,
huele a niños descubriendo la inocente
presunción de aguas que mojan de puntillas.
El tostador me regala una sonrisa. Te observa
y me pregunta cómo quieres las tostadas,
pero tienes prisa y el café renuncia a la ocasión
de quitarle nombre y cara a la distancia.Caminar
La acera se eriza como un gato. Tiene más frío
que mis pies, que todos los pies que profanan
su corazón helado, mas ofrece su lomo abierto
de bocas cálidas, con muchos nombres
de destinos que no son los nuestros
y se encuentran en uno distinto para todos.Trabajar
El computador me espera como un amante impaciente.
de dócil mirada. Sumerjo con ademanes invasivos
estos ojos que se agotan en la nostalgia
de sus dientes acerados y una transfusión íntima
recorre el reverso pasivo de sus neuronas
y mis circuitos más secretos.Descansar
Nada me sabe distinto cuando recuento
las esquinas de tu rostro. Sólo una silla
reservada a mi silencio y tu cansancio.
Amo el desorden de los días pequeños.
y sin idiomas voy hacia la tuya.
Tú me llamas, amor
Luis García Montero
Despertar
Se despereza tu respuesta entre las sábanas.
Estiramos los párpados y el amor
y, mientras el tilo prolonga
tu desnudez de amanecida en la ventana,
huele a niños descubriendo la inocente
presunción de aguas que mojan de puntillas.
El tostador me regala una sonrisa. Te observa
y me pregunta cómo quieres las tostadas,
pero tienes prisa y el café renuncia a la ocasión
de quitarle nombre y cara a la distancia.
Sin mirarnos.
La acera se eriza como un gato. Tiene más frío
que mis pies, que todos los pies que profanan
su corazón helado, mas ofrece su lomo abierto
de bocas cálidas, con muchos nombres
de destinos que no son los nuestros
y se encuentran en uno distinto para todos.
Corremos.
El computador me espera como un amante impaciente.
de dócil mirada. Sumerjo con ademanes invasivos
estos ojos que se agotan en la nostalgia
de sus dientes acerados y una transfusión íntima
recorre el reverso pasivo de sus neuronas
y mis circuitos más secretos.
Hablamos.
Nada me sabe distinto cuando recuento
las esquinas de tu rostro. Sólo una silla
reservada a mi silencio y tu cansancio.
Amo el desorden de los días pequeños.
Cenamos.
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