viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Saqué del mar de las palabras
un silencio tan afilado
que aun busco en constelaciones
ecos de su periplo.
(No sabía que callar
quemara más que el desamor).
Recolecté de ese mar,
miedo a cada ola,
mientras fusilaban a un amigo
y me obligaban a enterrarlo,
achicando mi humanidad
hasta que sólo quedó una bestia
hecha de plomo y barniz.
Un aliento que no era mío,
para retornarle de la tierra oscura
a la noche oscura,
y hacerlo hombre,
justo en los dientes de los sicarios,
entre los muertos que respiran.
Pero el mar me escupió
tormentas en los ojos
y los ahogados me abrazaron
con temor a respirar.
Saqué del mar de las palabras
el mayor silencio que jamás he visto.
Vacío hasta dar la vuelta,
en su pronunciación de piel adentro.
Trizando la voz sobre las sombras
que llevan a su carne.
Esperando al tiempo,
como quien devuelve la vida
esparciendo descendencia.
¡Yo no quiero desearle!
es su abrigo el que me llama con inviernos,
dispuestos, uno a uno,
a enraizarme en la tierra
sin derecho a verdecer.
Del mar de lo que siento,
estos versos de injusticia,
(el amargor de la muerte
fermentado en el abismo de la memoria).
Dando a cada corazón su merecido
y una razón a cada fallecer.
¡Adelante! ¡Vamos a gritar!
¡A chillar como cerdos!
Hasta que la garganta sea sangre
y arda el aire de la boca.
Que el infierno no sea gratuito.
¡Alzad los puños de lágrimas secas
con el hambre de la rabia!
- Ahora -
Voy a beberme un poema de amor,
necesito un trago de esperanza
para olvidar este silencio.
(Este poema, lleva en su interior otro que hice dedicado a la muerte, y es que a veces, no se es capaz de transmitir algo que que quieres decir, y casualmente ya lo habías escrito antes.)
un silencio tan afilado
que aun busco en constelaciones
ecos de su periplo.
(No sabía que callar
quemara más que el desamor).
Recolecté de ese mar,
miedo a cada ola,
mientras fusilaban a un amigo
y me obligaban a enterrarlo,
achicando mi humanidad
hasta que sólo quedó una bestia
hecha de plomo y barniz.
Un aliento que no era mío,
para retornarle de la tierra oscura
a la noche oscura,
y hacerlo hombre,
justo en los dientes de los sicarios,
entre los muertos que respiran.
Pero el mar me escupió
tormentas en los ojos
y los ahogados me abrazaron
con temor a respirar.
Saqué del mar de las palabras
el mayor silencio que jamás he visto.
Vacío hasta dar la vuelta,
en su pronunciación de piel adentro.
Trizando la voz sobre las sombras
que llevan a su carne.
Esperando al tiempo,
como quien devuelve la vida
esparciendo descendencia.
¡Yo no quiero desearle!
es su abrigo el que me llama con inviernos,
dispuestos, uno a uno,
a enraizarme en la tierra
sin derecho a verdecer.
Del mar de lo que siento,
estos versos de injusticia,
(el amargor de la muerte
fermentado en el abismo de la memoria).
Dando a cada corazón su merecido
y una razón a cada fallecer.
¡Adelante! ¡Vamos a gritar!
¡A chillar como cerdos!
Hasta que la garganta sea sangre
y arda el aire de la boca.
Que el infierno no sea gratuito.
¡Alzad los puños de lágrimas secas
con el hambre de la rabia!
- Ahora -
Voy a beberme un poema de amor,
necesito un trago de esperanza
para olvidar este silencio.
(Este poema, lleva en su interior otro que hice dedicado a la muerte, y es que a veces, no se es capaz de transmitir algo que que quieres decir, y casualmente ya lo habías escrito antes.)
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:: Vayaaa...
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