JOSE BOADO CORDOVA
Poeta recién llegado
Hoy la vi justo cuando cruce su puerta
como luz de la mañana,
como cielo claro después de llover,
como el único sendero transitable,
así la vi.
Frágil, modesta, intachable
seguiría describiéndola pero,
ya se acabo el alfabeto;
es todo lo que tengo.
Musicalidad hay en sus pasos
acaricia con sus pies el piso,
que me da miedo, hablarla,
cada paso es un mundo de alegría;
claro esta: Para mí.
Sus manos rozan el viento,
en un seguro vaivén amoroso,
mientras sostiene no se que
mas no me interesa;
solo quiero contemplarla
y seguir su ritmo cardiaco,
que ya casi me mata.
La veo y tengo miedo,
por mi frente resbala una gota fría,
y su semblante se desvanece en mí,
la veo por una esquina de mi ojo derecho
pero el miedo sigue presente,
¿Por qué será?...
quien tiene respuesta;
ni yo lo se.
Busco un verso en ese instante;
listo y capaz de regalárselo,
mi cuerpo finge no localizarlo
pero ya apareció en mi mente,
entonces lo grito despacio;
muy despacio, seguro no lo escuchara,
cuando volteo Ella ya había desaparecido.
Consulto muy rápido el reloj,
y con desprecio me grita;
¡ACABO TU TIEMPO!
Pero si solo fue un segundo,
ya no hay excusa Siento miedo.
como luz de la mañana,
como cielo claro después de llover,
como el único sendero transitable,
así la vi.
Frágil, modesta, intachable
seguiría describiéndola pero,
ya se acabo el alfabeto;
es todo lo que tengo.
Musicalidad hay en sus pasos
acaricia con sus pies el piso,
que me da miedo, hablarla,
cada paso es un mundo de alegría;
claro esta: Para mí.
Sus manos rozan el viento,
en un seguro vaivén amoroso,
mientras sostiene no se que
mas no me interesa;
solo quiero contemplarla
y seguir su ritmo cardiaco,
que ya casi me mata.
La veo y tengo miedo,
por mi frente resbala una gota fría,
y su semblante se desvanece en mí,
la veo por una esquina de mi ojo derecho
pero el miedo sigue presente,
¿Por qué será?...
quien tiene respuesta;
ni yo lo se.
Busco un verso en ese instante;
listo y capaz de regalárselo,
mi cuerpo finge no localizarlo
pero ya apareció en mi mente,
entonces lo grito despacio;
muy despacio, seguro no lo escuchara,
cuando volteo Ella ya había desaparecido.
Consulto muy rápido el reloj,
y con desprecio me grita;
¡ACABO TU TIEMPO!
Pero si solo fue un segundo,
ya no hay excusa Siento miedo.
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