pecadocapital79
Poeta adicto al portal
Al ángel que velaba mis sueños
lo mató el imsonmnio,
a mi yo adolescente
diez tartas de chocolate
sin velas y sin deseos.
A mi padre un marzo cabrón
y un médico hijo de perra,
a dos buenos "amigos" la velocidad
o la cofusión de una linea discontinua,
a otro la enfermedad de moda
siempre odié las modas.
A mi pulmón derecho
el humo de la nostalgia,
al pulso de mis manos
un poema sobre ti,
a mis zapatos preferidos
el camino hasta tu piel,
a mi hambre tu coño,
a mi sed solo el whisky
jamás me fie de las cosas trasparentes.
A Neruda me lo asesinó bukowski
de una metáfora en la nuca,
al románticismo de Becquer
el desenamorado Fonollosa
y García Marquez perdió la patria
por otro colombiano más real.
A tu canción preferida la reiteración
de una emisora pirata,
al paraiso prohibido
un salto sobre la valla,
a nuestro amor el cariño
y al cariño la rutina.
Y a nuestros sábados de paz
la llegada de una dama
cargada de viernes mágicos.
Y aquí entre cadáveres
que pateo para abrirme paso
estoy.
Buscando la senda
para dejar otra huella,
con una pena en un ojo
y una sonrisa en el otro,
la vida al fin y al cabo solo es
andar esquivandote
las muertes,
morir resistíendote la vida.
lo mató el imsonmnio,
a mi yo adolescente
diez tartas de chocolate
sin velas y sin deseos.
A mi padre un marzo cabrón
y un médico hijo de perra,
a dos buenos "amigos" la velocidad
o la cofusión de una linea discontinua,
a otro la enfermedad de moda
siempre odié las modas.
A mi pulmón derecho
el humo de la nostalgia,
al pulso de mis manos
un poema sobre ti,
a mis zapatos preferidos
el camino hasta tu piel,
a mi hambre tu coño,
a mi sed solo el whisky
jamás me fie de las cosas trasparentes.
A Neruda me lo asesinó bukowski
de una metáfora en la nuca,
al románticismo de Becquer
el desenamorado Fonollosa
y García Marquez perdió la patria
por otro colombiano más real.
A tu canción preferida la reiteración
de una emisora pirata,
al paraiso prohibido
un salto sobre la valla,
a nuestro amor el cariño
y al cariño la rutina.
Y a nuestros sábados de paz
la llegada de una dama
cargada de viernes mágicos.
Y aquí entre cadáveres
que pateo para abrirme paso
estoy.
Buscando la senda
para dejar otra huella,
con una pena en un ojo
y una sonrisa en el otro,
la vida al fin y al cabo solo es
andar esquivandote
las muertes,
morir resistíendote la vida.