Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el cielo el blanco velo de la aurora,
corona del bosque la distante flor
como adorándote, mítica señora,
que día a día abres tu alma a mi amor.
Y en tus ojos el sol besa a la mañana,
cual divino verso al eterno tono.
Increíble la gloria que se derrama
en ti, del mundo místico abandono!
De tu pupila el color toco mi vida,
que reverdece en áurica amalgama:
fuego y deseo en tu mirada perdida.
Y mi pobre lira, a penas una flama,
te invoca en mi pecho donde anida,
mi espíritu que sediento te reclama!
corona del bosque la distante flor
como adorándote, mítica señora,
que día a día abres tu alma a mi amor.
Y en tus ojos el sol besa a la mañana,
cual divino verso al eterno tono.
Increíble la gloria que se derrama
en ti, del mundo místico abandono!
De tu pupila el color toco mi vida,
que reverdece en áurica amalgama:
fuego y deseo en tu mirada perdida.
Y mi pobre lira, a penas una flama,
te invoca en mi pecho donde anida,
mi espíritu que sediento te reclama!