Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo tengo memorias de los olores del amor.
Aquellos untados como un musgo de almizcle
de las más profundas glándulas de su cuerpo.
Del azul más profundo casi negro de tu ardor.
Yo guardo esos latigazos de olores
que no son fáciles de quitarse uno.
Esconder el amor es como salir desnudos
en medio de la calle o sentarse a la mesa
con los invitados con los ojos desorbitados.
En si, es un olor dulce, un ajonjolí con té de canela.
De vez en cuando yo los encuentro
en los elevadores de Manhattan, sé que ahí estuvo el amor.
A veces llegan en tarjetas que la gente manda
y trato de acertar el estado de cosas.
El amor es contagioso y da seguidilla,
por eso nunca me he comido sólo una guayaba....