Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
PRELUDIO
Acordes citoplasmáticos
de ósmosis variadas;
las musas extremadas
le cantan a los áticos.
Con color de ribosomas
te desnudaste insegura;
acuerdo de la cultura
condena de los axiomas.
Con la fragancia cambiante
de tus vergeles extraños,
me dibujaste los años
de poeta y comediante.
Y viéndote paradisíaca
conquista del infinito;
beso a beso, mito a mito
amé la demoníaca
amplitud de mi detrito.
Epílogo
Y como toda perla surge de la inmundicia,
y como toda rosa pincha con sus espinas,
me instalé en tus enaguas, recorridas tus colinas;
y con fervor inmenso sembré en ti mi caricia.
Como pájaro en vuelo buscando un lugar
donde construir su nido, te rodeé con mis brazos;
y apoyando mi rostro en tus suaves abrazos
en tus sueños alegres me propuse anidar.
Pero a veces el viento que golpea inclemente,
hasta el roble robusto desarraiga del suelo,
y tus sueños alegres trastocaron en duelo
por un tonto desplante de mi culpa inconsciente.
¡Cómo añoro las odas de nieve y de venado!
¡Cómo extraño tus ojos, tu agraciada sonrisa
y ese canto de musa que jamás tiene prisa
aunque el viento alisio se transforme en tornado!
____________________________________________________________
Acordes citoplasmáticos
de ósmosis variadas;
las musas extremadas
le cantan a los áticos.
Con color de ribosomas
te desnudaste insegura;
acuerdo de la cultura
condena de los axiomas.
Con la fragancia cambiante
de tus vergeles extraños,
me dibujaste los años
de poeta y comediante.
Y viéndote paradisíaca
conquista del infinito;
beso a beso, mito a mito
amé la demoníaca
amplitud de mi detrito.
Epílogo
Y como toda perla surge de la inmundicia,
y como toda rosa pincha con sus espinas,
me instalé en tus enaguas, recorridas tus colinas;
y con fervor inmenso sembré en ti mi caricia.
Como pájaro en vuelo buscando un lugar
donde construir su nido, te rodeé con mis brazos;
y apoyando mi rostro en tus suaves abrazos
en tus sueños alegres me propuse anidar.
Pero a veces el viento que golpea inclemente,
hasta el roble robusto desarraiga del suelo,
y tus sueños alegres trastocaron en duelo
por un tonto desplante de mi culpa inconsciente.
¡Cómo añoro las odas de nieve y de venado!
¡Cómo extraño tus ojos, tu agraciada sonrisa
y ese canto de musa que jamás tiene prisa
aunque el viento alisio se transforme en tornado!
____________________________________________________________
Última edición:
::
::