Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Purpuracía
Purpuracía, elogio yerto ya que fiel te fui,
mancillada debe quedar tu palabra negra,
que hay musgos que sangran como bólidas canciones,
ya no me queda, ya no tengo corazón que regatee al alojar
la estética de tu agresividad, que mi conciencia fue limosnera
Pero el aire de antaño se secreteaba canoro
el pleonasmo de cada mes, cuando volvías
con cuello erguido a decir lo mismo de lo mismo,
parece que te recuerdo, ya tu jauría de falacias
se me fueron por los intestinos de mis ojos.
Las navajas que me concediste en el alma
se secaron en el bostezo de mi vientre,
y hay mancha que deja mancha,
pero erase una limadora mugre
que supo ser difunta para dejar vivir al que vive.
Yo esquivo a veces a la alentadora tristeza
que alguna vez por compañera me diste
Hoy me silba un sueño, que siempre cabe
cuando muero las siete horas de una noche
y una del día, la presencia de tu cara de espada,
se clavó en mi último silencio Mi hermoso silencio.
Purpuracía, elogio yerto ya que fiel te fui,
mancillada debe quedar tu palabra negra,
que hay musgos que sangran como bólidas canciones,
ya no me queda, ya no tengo corazón que regatee al alojar
la estética de tu agresividad, que mi conciencia fue limosnera
Pero el aire de antaño se secreteaba canoro
el pleonasmo de cada mes, cuando volvías
con cuello erguido a decir lo mismo de lo mismo,
parece que te recuerdo, ya tu jauría de falacias
se me fueron por los intestinos de mis ojos.
Las navajas que me concediste en el alma
se secaron en el bostezo de mi vientre,
y hay mancha que deja mancha,
pero erase una limadora mugre
que supo ser difunta para dejar vivir al que vive.
Yo esquivo a veces a la alentadora tristeza
que alguna vez por compañera me diste
Hoy me silba un sueño, que siempre cabe
cuando muero las siete horas de una noche
y una del día, la presencia de tu cara de espada,
se clavó en mi último silencio Mi hermoso silencio.
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