Azul Sheerle
Poeta asiduo al portal
Y la oscuridad cubrió mi cuerpo. Sin darme cuenta, sin saber a ciencia cierta por que, empecé a caer.
Caí por una eternidad.
La angustia, el dolor, la culpa, aferradas a mis pies, apresuraban mi caída.
Mi voluntad, mi esperanza y mi fe, se alejaron de mi una a una.
La dignidad, el valor y la fuerza, vieron mi desastroso final y se alejaron.
Se fueron quedando a lo largo de ese obscuro camino por el que yo bajaba, más rápido cada vez.
Mi mente empezó a recordar.
Mi niñez dulce y alegre, aventuras sin igual, carcajadas sin fin.
La adolescencia muchos cambios, desorientación, odio y amor a la vez.
Edad adulta madurez, equilibrio, paz; un paso en falso, un error, decepción
Las imágenes en mi cabeza tan claras y nítidas, que volvía a vivirlas y lloré.
Mi razón se quebró mi alma desfalleció.
Cuando no hubo más lágrimas que derramar, cuando no hubo a donde más bajar,
miré a mí alrededor, estaba sola sin nadie a mi lado, ni lugar a donde ir.
En medio de la desesperación, la amargura y el dolor, mire hacia arriba,
sin lagrimas en mis ojos que derramar, sin nada que perder, fijé la vista ahí.
La serenidad llegó entonces comprendí que conocía el camino, ya había pasado por él,
no hay otro lugar, no tengo que buscar más, por que no hay otra cosa que hacer, que volver a subir.
Caí por una eternidad.
La angustia, el dolor, la culpa, aferradas a mis pies, apresuraban mi caída.
Mi voluntad, mi esperanza y mi fe, se alejaron de mi una a una.
La dignidad, el valor y la fuerza, vieron mi desastroso final y se alejaron.
Se fueron quedando a lo largo de ese obscuro camino por el que yo bajaba, más rápido cada vez.
Mi mente empezó a recordar.
Mi niñez dulce y alegre, aventuras sin igual, carcajadas sin fin.
La adolescencia muchos cambios, desorientación, odio y amor a la vez.
Edad adulta madurez, equilibrio, paz; un paso en falso, un error, decepción
Las imágenes en mi cabeza tan claras y nítidas, que volvía a vivirlas y lloré.
Mi razón se quebró mi alma desfalleció.
Cuando no hubo más lágrimas que derramar, cuando no hubo a donde más bajar,
miré a mí alrededor, estaba sola sin nadie a mi lado, ni lugar a donde ir.
En medio de la desesperación, la amargura y el dolor, mire hacia arriba,
sin lagrimas en mis ojos que derramar, sin nada que perder, fijé la vista ahí.
La serenidad llegó entonces comprendí que conocía el camino, ya había pasado por él,
no hay otro lugar, no tengo que buscar más, por que no hay otra cosa que hacer, que volver a subir.