a quien pueda interesar.
alma mía, levanta, que ha llegado El Señor; ¿ no te has fijado aún en cómo vibra el aire
y cómo a cada instante adquiere el color del oro ?
sal, pues, deprisa, amada, y adéntrate en el bosque, notarás con qué alegría corren y gorjean
animalillos y pájaros; y más adentro, si acaso observas, te sorprenderá cómo los árboles tiemblan
bajo un sutil siseo de gratitud y canto; alma mía, es Navidad y Cristo ha inundado la Tierra
con su propia vida para, un año más, arrebatarnos de los dientes del hambre, del frío y de la muerte;
y tú, mi duro corazón, si por un segundo pudieses contener el rumor de la sangre y su pasión,
tal vez escucharas a las huestes entonar por el aire hosannas excelsas y gloriosas;
y es, es Navidad, razón querida, nuestra fiesta anual - tuya y mía - por tan vital impulso,
aquella causa que tanto demandaste para proclamar tu rendición final, sí,
pero para ser también tierna y amante;
hoy, ya ves, no disponemos sino de esperanza cierta, y bien sabes que ningún obsequio estará bendito
sin el aliento virgen de la Luz de Cristo, la Luz del Mundo;
fuerzas de hombre, salid a recibir la Vida, construid la paz y detened la guerra.
http://www.oriondepanthoseas.com
Weblog literario del autor: poesía, relato, novela, filosofía y otros)
alma mía, levanta, que ha llegado El Señor; ¿ no te has fijado aún en cómo vibra el aire
y cómo a cada instante adquiere el color del oro ?
sal, pues, deprisa, amada, y adéntrate en el bosque, notarás con qué alegría corren y gorjean
animalillos y pájaros; y más adentro, si acaso observas, te sorprenderá cómo los árboles tiemblan
bajo un sutil siseo de gratitud y canto; alma mía, es Navidad y Cristo ha inundado la Tierra
con su propia vida para, un año más, arrebatarnos de los dientes del hambre, del frío y de la muerte;
y tú, mi duro corazón, si por un segundo pudieses contener el rumor de la sangre y su pasión,
tal vez escucharas a las huestes entonar por el aire hosannas excelsas y gloriosas;
y es, es Navidad, razón querida, nuestra fiesta anual - tuya y mía - por tan vital impulso,
aquella causa que tanto demandaste para proclamar tu rendición final, sí,
pero para ser también tierna y amante;
hoy, ya ves, no disponemos sino de esperanza cierta, y bien sabes que ningún obsequio estará bendito
sin el aliento virgen de la Luz de Cristo, la Luz del Mundo;
fuerzas de hombre, salid a recibir la Vida, construid la paz y detened la guerra.
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