Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Camino al alba.
Mujer mía,
anochece el cielo gris de nuestras vidas,
y tu lengua azul tirita con el poema en su punta,
saboreando tus labios y humedeciendo el beso.
Mujer mía,
larga será la oscuridad que se avecina,
que nos abraza y arrastra bajo la lluvia de invierno.
Un frío que cala hasta las almas,
y el poema que cae,
como la última hoja que no quiere desprenderse
del legendario roble.
Mujer mía,
de tus manos tibias quiero que se acojan mis manos,
que ilumines el sendero de la larga noche
con los soles de tus ojos,
que a nuestras espaldas quede la adoquinada cuesta
donde desnudas el susto que cobija mi corazón
y me lleves al alba de los crisantemos de tu amor.
Mujer mía,
anochece el cielo gris de nuestras vidas,
y tu lengua azul tirita con el poema en su punta,
saboreando tus labios y humedeciendo el beso.
Mujer mía,
larga será la oscuridad que se avecina,
que nos abraza y arrastra bajo la lluvia de invierno.
Un frío que cala hasta las almas,
y el poema que cae,
como la última hoja que no quiere desprenderse
del legendario roble.
Mujer mía,
de tus manos tibias quiero que se acojan mis manos,
que ilumines el sendero de la larga noche
con los soles de tus ojos,
que a nuestras espaldas quede la adoquinada cuesta
donde desnudas el susto que cobija mi corazón
y me lleves al alba de los crisantemos de tu amor.