Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
MARIA.
Cinco letras engarzo en mi boca
beso la última
y no acierto a repetirte,
sino te pronuncio con el corazón.
Rozo la playa de tus ojos
y sin palmeras que den sombra
busco el negro de tus pestañas.
Sin ti podría llorar un piano
en teclas que se van vistiendo
de un riguroso luto;
las negras mojaran tu centro.
Descubrirte como un continente
llegar hasta ti sin barca
nadando en el remolino de tu ombligo.
Deja que se caiga la amapola de tu boca
y siendo manso en un mar de olas,
hablarla hasta que la toque mi alma
para guardarla en el baúl de mis cosas.
No digas nada
ya escucho a tus manos
como me dictan la estrofa:
Me hago hiedra en tu cadera
Arraigo tus movimientos;
Riéndole al compás de tus pasos
Inspiro el perfume de tu sombra de golondrina;
Amor es lo único que te define.
Para María Ortiz.
Juan José Marin.
Cinco letras engarzo en mi boca
beso la última
y no acierto a repetirte,
sino te pronuncio con el corazón.
Rozo la playa de tus ojos
y sin palmeras que den sombra
busco el negro de tus pestañas.
Sin ti podría llorar un piano
en teclas que se van vistiendo
de un riguroso luto;
las negras mojaran tu centro.
Mirarte son bellos escalofríos
alzo los ojos para esconder
mi mirada en tu cara;
levanto mis manos y palpita el pecho
y del lecho de los planetas
les quito la sábana de los sueños;
dueño de una pasión sin cama
recóndito escondrijo del cielo,
adorno todos los rincones con flores
por si quieres tomar asiento
y pintar en el suelo con tu dedo,
todos los colores que abren las alas
de los ángeles traviesos.
alzo los ojos para esconder
mi mirada en tu cara;
levanto mis manos y palpita el pecho
y del lecho de los planetas
les quito la sábana de los sueños;
dueño de una pasión sin cama
recóndito escondrijo del cielo,
adorno todos los rincones con flores
por si quieres tomar asiento
y pintar en el suelo con tu dedo,
todos los colores que abren las alas
de los ángeles traviesos.
llegar hasta ti sin barca
nadando en el remolino de tu ombligo.
Deja que se caiga la amapola de tu boca
y siendo manso en un mar de olas,
hablarla hasta que la toque mi alma
para guardarla en el baúl de mis cosas.
No digas nada
ya escucho a tus manos
como me dictan la estrofa:
Me hago hiedra en tu cadera
Arraigo tus movimientos;
Riéndole al compás de tus pasos
Inspiro el perfume de tu sombra de golondrina;
Amor es lo único que te define.
Para María Ortiz.
Juan José Marin.
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