El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Su señoría:
Yo no vivo convencido de que somos los justos.
Yo no tengo sus estudios ni su corbata importada.
Pero yo sé donde piso.
Ya que le reclamamos a los ingleses las Malvinas,
podríamos dar el ejemplo y devolverle La Pampa a los Puelches,
o Córdoba a Los Comechingones
si no los hubiésemos aniquilado a casi todos.
O la dignidad a los jubilados un año de estos
antes de las elecciones.
La justicia es depende para quién.
La verdad, es la verdad.
Y la verdad a veces duele.
Yo no me recibí, en la Universidad de la Cultura Occidental de la Violencia.
Estuve sólo allá afuera en la etapa de trabajos prácticos mientras usted leía a Los Clásicos.
Yo no siento que ya llegué.
No estoy tranquilo en un sillón juzgando.
Me hago preguntas para crecer cada día.
Me pregunto si no seré del mecanismo
la pieza que anda fallando.
Mientras espero el colectivo
que viene cada vez más espaciado.
Obligando a la gente a verse cada vez menos.
Gastando lo poco que se tiene en mensajes por celulares.
“Estoy demorado. Dale un beso a los pibes antes de dormirse que llego tarde de nuevo.”
Me pregunto, mientras otros más instruídos,
sin preguntarse nada,
van acorralando seres.
Yo no tiro un pedazo de queso
para ver como se matan los ratones.
Yo no me aprovecho de que la gente tiene miedo
para venderles rejas,
armas y alarmas
y promesas electorales.
Miedo de caerse del mapa.
Miedo de que rompan la cuerda
de tanto darle a la clavija.
Miedo de vivir en esta selva,
¿Y cómo no va a tenerlo?
y como no va a ser jungla,
si nos tratamos como animales.
Y el rugido viene de arriba.
Quién sabe de donde,
como los fondos para la campaña eleccionaria.
Su Señoría, venga usted a Constitución.
En este país, sólo un barrio.
Una terminal del tren.
Conventillo sobre la calle Cochabamba,
cuidado con las cucaracha caníbal,
aquí estamos.
Este es su peligroso bandido.
No hace falta llevarlo esposado,
es mi amigo.
Él le puede explicar todo.
Disculpeme señor abogado.
Yo no vivo así porque me gusta.
Yo vivo acá porque no tengo otro lugar,
sino me iría.
Miento mi dirección,
porque si les digo donde vivo,
nadie me contrataría.
No tengo un sueldo asegurado.
No envío a un empleado con una orden a buscarte
tras la sábana oscura que oficia de puerta,
en el conventillo mísero.
A despertar a bastón desnudo a la gente hacinada,
a levantar a todos los hombres de la cama
incluso a chicos que parecen hombres
a preguntarles si son el que se busca.
Interrumpiéndo el descanso.
Mirándoles con primario desprecio.
Rompiendo ropas,
retorciéndoles el brazo a ver si traen tatuajes.
Lea, su señoría:
tatuaje de “Olvido”
tatuaje de “Sin futuro”
tatuaje de “Me prostituiré por comida.”
Tal vez desde su despacho no ve usted
a la ley empujando embarazadas
que intentan sujetar lo poco que tienen escaleras abajo.
Asustando pibes.
Enseñándole lo que es ser marginado
en una sola lección.
Empujándolos contra paredes llamándoles: “lacra”.
¿Elección?
Elegir se puede:
declararte culpable
de una causa inventada para alimentar índices.
o esperar un veredicto que no llega nunca
en la amansadora de los penales.
Y todos iguales ahí dentro su señoría,
democrático:
tatuaje de “Olvido”
tatuaje de “Sin futuro”
tatuaje de “HIV positivo”
tatuaje de “Eustanasia Gratis llame al Ministerio de Salud”
¿No sabe que león se abusa del cordero su señoría?
¿Y como no va a usar las garras el león
si esto es la selva?
Y como no va a ser jungla,
si nos tratamos como animales.
La justicia es depende para quién.
La verdad, es la verdad.
Y la verdad a veces duele.
Eso pasa.
Pasa y pasaba,
mientras usted leía a Los Clásicos.
Ahora no puede ya decir que no lo sabe.
(Dedicado a "Claudito")
Yo no vivo convencido de que somos los justos.
Yo no tengo sus estudios ni su corbata importada.
Pero yo sé donde piso.
Ya que le reclamamos a los ingleses las Malvinas,
podríamos dar el ejemplo y devolverle La Pampa a los Puelches,
o Córdoba a Los Comechingones
si no los hubiésemos aniquilado a casi todos.
O la dignidad a los jubilados un año de estos
antes de las elecciones.
La justicia es depende para quién.
La verdad, es la verdad.
Y la verdad a veces duele.
Yo no me recibí, en la Universidad de la Cultura Occidental de la Violencia.
Estuve sólo allá afuera en la etapa de trabajos prácticos mientras usted leía a Los Clásicos.
Yo no siento que ya llegué.
No estoy tranquilo en un sillón juzgando.
Me hago preguntas para crecer cada día.
Me pregunto si no seré del mecanismo
la pieza que anda fallando.
Mientras espero el colectivo
que viene cada vez más espaciado.
Obligando a la gente a verse cada vez menos.
Gastando lo poco que se tiene en mensajes por celulares.
“Estoy demorado. Dale un beso a los pibes antes de dormirse que llego tarde de nuevo.”
Me pregunto, mientras otros más instruídos,
sin preguntarse nada,
van acorralando seres.
Yo no tiro un pedazo de queso
para ver como se matan los ratones.
Yo no me aprovecho de que la gente tiene miedo
para venderles rejas,
armas y alarmas
y promesas electorales.
Miedo de caerse del mapa.
Miedo de que rompan la cuerda
de tanto darle a la clavija.
Miedo de vivir en esta selva,
¿Y cómo no va a tenerlo?
y como no va a ser jungla,
si nos tratamos como animales.
Y el rugido viene de arriba.
Quién sabe de donde,
como los fondos para la campaña eleccionaria.
Su Señoría, venga usted a Constitución.
En este país, sólo un barrio.
Una terminal del tren.
Conventillo sobre la calle Cochabamba,
cuidado con las cucaracha caníbal,
aquí estamos.
Este es su peligroso bandido.
No hace falta llevarlo esposado,
es mi amigo.
Él le puede explicar todo.
Disculpeme señor abogado.
Yo no vivo así porque me gusta.
Yo vivo acá porque no tengo otro lugar,
sino me iría.
Miento mi dirección,
porque si les digo donde vivo,
nadie me contrataría.
No tengo un sueldo asegurado.
No envío a un empleado con una orden a buscarte
tras la sábana oscura que oficia de puerta,
en el conventillo mísero.
A despertar a bastón desnudo a la gente hacinada,
a levantar a todos los hombres de la cama
incluso a chicos que parecen hombres
a preguntarles si son el que se busca.
Interrumpiéndo el descanso.
Mirándoles con primario desprecio.
Rompiendo ropas,
retorciéndoles el brazo a ver si traen tatuajes.
Lea, su señoría:
tatuaje de “Olvido”
tatuaje de “Sin futuro”
tatuaje de “Me prostituiré por comida.”
Tal vez desde su despacho no ve usted
a la ley empujando embarazadas
que intentan sujetar lo poco que tienen escaleras abajo.
Asustando pibes.
Enseñándole lo que es ser marginado
en una sola lección.
Empujándolos contra paredes llamándoles: “lacra”.
¿Elección?
Elegir se puede:
declararte culpable
de una causa inventada para alimentar índices.
o esperar un veredicto que no llega nunca
en la amansadora de los penales.
Y todos iguales ahí dentro su señoría,
democrático:
tatuaje de “Olvido”
tatuaje de “Sin futuro”
tatuaje de “HIV positivo”
tatuaje de “Eustanasia Gratis llame al Ministerio de Salud”
¿No sabe que león se abusa del cordero su señoría?
¿Y como no va a usar las garras el león
si esto es la selva?
Y como no va a ser jungla,
si nos tratamos como animales.
La justicia es depende para quién.
La verdad, es la verdad.
Y la verdad a veces duele.
Eso pasa.
Pasa y pasaba,
mientras usted leía a Los Clásicos.
Ahora no puede ya decir que no lo sabe.
(Dedicado a "Claudito")