DaniMar
Poeta veterano/a en el portal
Treinta y uno de diciembre,
son las cuatro de la tarde;
treinta y ocho cuatro, hierve
el asfalto está que arde.
No se ve a nadie en la calle,
es la hora de la siesta;
te busco sin encontrarte
algunos ya están de fiesta.
Treinta y ocho cuatro afuera,
atmósfera intoxicante;
en la cama traicionera
el calor es agobiante.
El teléfono no suena,
el cartero ya no pasa;
otra vez la misma espera
y este infierno que me abrasa.
Treinta y uno de diciembre,
hoy te busco y no te encuentro;
en la calle, lo de siempre
el infierno está acá adentro.
son las cuatro de la tarde;
treinta y ocho cuatro, hierve
el asfalto está que arde.
No se ve a nadie en la calle,
es la hora de la siesta;
te busco sin encontrarte
algunos ya están de fiesta.
Treinta y ocho cuatro afuera,
atmósfera intoxicante;
en la cama traicionera
el calor es agobiante.
El teléfono no suena,
el cartero ya no pasa;
otra vez la misma espera
y este infierno que me abrasa.
Treinta y uno de diciembre,
hoy te busco y no te encuentro;
en la calle, lo de siempre
el infierno está acá adentro.
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