chc
Christian
A Rosana.
Nunca me parece inusual
hallarte
al final de mi arco iris,
o subida a una silla
acomodando mi ego,
o en mi sueño más tonto,
o en la cocina
engañando a mi olfato,
desvestida de atajos,
descorchando una fuente
que atraiga deseos.
Lo usual, como digo,
es este amor sin espaldas
ni puñales.
Es mi mano empalagada
de tus dedos caminantes,
de la senda encantada
entre tu cuello y tu coxis,
el vaivén sereno
de la hamaca de tu boca,
de comisura a comisura,
de labio a labio,
de la orilla de mis besos
hasta el mar adentro de los tuyos.
Y es preciso,
no olvidarse
que preciso,
cantarle a tu frecuencia,
a tu reiterada simetría,
a tu paridad desesperada,
a tu diaria analogía,
a tu sentimiento consanguíneo.
Cantarle,
con la cara teñida de rojo
y la inequidad que para hacerlo
se hace imprescindible.
Porque es usual
decir te amo.
Y no es casual
haber tropezado
con esta causalidad.
Porque llorar a mares
esta bien, y es reiterado.
Lo inusual, quizá,
sea
amar a mares.
Nunca me parece inusual
hallarte
al final de mi arco iris,
o subida a una silla
acomodando mi ego,
o en mi sueño más tonto,
o en la cocina
engañando a mi olfato,
desvestida de atajos,
descorchando una fuente
que atraiga deseos.
Lo usual, como digo,
es este amor sin espaldas
ni puñales.
Es mi mano empalagada
de tus dedos caminantes,
de la senda encantada
entre tu cuello y tu coxis,
el vaivén sereno
de la hamaca de tu boca,
de comisura a comisura,
de labio a labio,
de la orilla de mis besos
hasta el mar adentro de los tuyos.
Y es preciso,
no olvidarse
que preciso,
cantarle a tu frecuencia,
a tu reiterada simetría,
a tu paridad desesperada,
a tu diaria analogía,
a tu sentimiento consanguíneo.
Cantarle,
con la cara teñida de rojo
y la inequidad que para hacerlo
se hace imprescindible.
Porque es usual
decir te amo.
Y no es casual
haber tropezado
con esta causalidad.
Porque llorar a mares
esta bien, y es reiterado.
Lo inusual, quizá,
sea
amar a mares.
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