Mario Francisco LG
Un error en la Matrix
Mi muerte...
Por Andres Amendizabal
Había golpeado con cruel bravura
aquel destino mío,
se evaporaba mi alma a través
de los poros de mi cuerpo.
Sentía que el aire me hacía falta,
que perdía desesperadamente el aliento.
Mi mente se empobrecía de sueños y sentidos,
mis ojos se imaginaban a fantasmas y duendes
mientras mi piel ardía y sufría escalofríos.
El suave aroma de la muerte rodeaba a mi nariz,
mientras sus pasos fúnebres tocaban un
concierto en mis oídos.
Volví a desesperarme,
a gritar ahogadamente afligido,
a ver de nuevo demonios y ángeles
peleando por mi cuerpo casi extinguido.
Al fin cerré mis ojos,
un profundo letargo cesó mi dolor,
vi una obscura paz luego de abrirlos,
escuché al silencio entonar una bella canción,
era una tranquilidad muy sana,
una quietud imprescindible,
una sensación extraña...
Mi muerte...
Agradecere cualquier comentario...
Por Andres Amendizabal
Había golpeado con cruel bravura
aquel destino mío,
se evaporaba mi alma a través
de los poros de mi cuerpo.
Sentía que el aire me hacía falta,
que perdía desesperadamente el aliento.
Mi mente se empobrecía de sueños y sentidos,
mis ojos se imaginaban a fantasmas y duendes
mientras mi piel ardía y sufría escalofríos.
El suave aroma de la muerte rodeaba a mi nariz,
mientras sus pasos fúnebres tocaban un
concierto en mis oídos.
Volví a desesperarme,
a gritar ahogadamente afligido,
a ver de nuevo demonios y ángeles
peleando por mi cuerpo casi extinguido.
Al fin cerré mis ojos,
un profundo letargo cesó mi dolor,
vi una obscura paz luego de abrirlos,
escuché al silencio entonar una bella canción,
era una tranquilidad muy sana,
una quietud imprescindible,
una sensación extraña...
Mi muerte...
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