Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi verso se hizo canción entre tus labios
y mis ojos derramaron ilusión;
pero bajo el fragor de tu desahuciado espacio
mis labios se inflamaron de dolor
Cuentan por ahí, que desde entonces ando huyendo,
de la sombra del olvido que hay en ti
y que es por eso, que aun sigo fingiendo
que contigo aún soy feliz
Yo no cuento, ni censuro tu cansancio.
Yo no dudo, ni arremeto con conjuros, en un loco frenesí.
Yo me cierro y me prometo a mi misma, entregarme más despacio,
como se entregan a las horas los segundos porque sí
Yo, al igual que tú, no conozco de dilemas,
mas me parezco a aquel, que recolecta infeliz...
No, no son potes Son sólo penas,
que acuñé en la sortija que te devolví
Y porque, en cada beso que me diste,
prendí un deseo consumado;
y en cada palabra hiriente que dijiste,
descolgué el amor por defraudado;
cuando del cielo de tu boca llovieron las mentiras,
desgastada-como roca- mi fe cayó,
labrando-en su caída- cada surco de mi desdicha;
y deshojando versos-como margaritas-quedé yo
y mis ojos derramaron ilusión;
pero bajo el fragor de tu desahuciado espacio
mis labios se inflamaron de dolor
Cuentan por ahí, que desde entonces ando huyendo,
de la sombra del olvido que hay en ti
y que es por eso, que aun sigo fingiendo
que contigo aún soy feliz
Yo no cuento, ni censuro tu cansancio.
Yo no dudo, ni arremeto con conjuros, en un loco frenesí.
Yo me cierro y me prometo a mi misma, entregarme más despacio,
como se entregan a las horas los segundos porque sí
Yo, al igual que tú, no conozco de dilemas,
mas me parezco a aquel, que recolecta infeliz...
No, no son potes Son sólo penas,
que acuñé en la sortija que te devolví
Y porque, en cada beso que me diste,
prendí un deseo consumado;
y en cada palabra hiriente que dijiste,
descolgué el amor por defraudado;
cuando del cielo de tu boca llovieron las mentiras,
desgastada-como roca- mi fe cayó,
labrando-en su caída- cada surco de mi desdicha;
y deshojando versos-como margaritas-quedé yo
::::