Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Soñé con ese momento
Quisiera acariciarte aunque sea una caricia
que por intromiso muy capaz sea de darte,
que cuando te escucho hablar así como lo haces,
se me endereza el alma, el aire se raya en su propio aire
Para sincerarme contigo, una ola se guarda los abrazos
que debí darte desde hace mucho.
Se me cayo uno de tus labios, ahí donde se juntan
Un sueño y una pesadilla, una camisa y una blusa,
o un cielo fumándose la migraña de la luna,
una nube cosiendo mis dedos en tu cabello,
y una caricia callándose en tu boca.
No quiero soltar lo que en mis manos
presumo que tengo
En mi mano izquierda se hizo de noche,
y me unte tu cintura, adelgacé mis ojos
para estarte soñando, disminuí lo vano,
me caí en lo serio y no supe que decir.
De lo sencillo abarque al fin y al cabo,
esa tu voz que se hace caber en una casualidad
para amarrarla a mis suspiros
Decir acaso deba que escucharte,
es como oír a un beso estirarse en el sol,
a una rosa asomarse sigilosamente
por la ventana del mar,
a una luz destajándose el ardor
de la oscuridad
Y quise acariciarte aunque fuera solo
una caricia, y sin querer te acaricie cien veces,
las mismas veces que soñé con ese momento.
Dedicado con todo el respeto que se merece, para Amelie Poulain.
Quisiera acariciarte aunque sea una caricia
que por intromiso muy capaz sea de darte,
que cuando te escucho hablar así como lo haces,
se me endereza el alma, el aire se raya en su propio aire
Para sincerarme contigo, una ola se guarda los abrazos
que debí darte desde hace mucho.
Se me cayo uno de tus labios, ahí donde se juntan
Un sueño y una pesadilla, una camisa y una blusa,
o un cielo fumándose la migraña de la luna,
una nube cosiendo mis dedos en tu cabello,
y una caricia callándose en tu boca.
No quiero soltar lo que en mis manos
presumo que tengo
En mi mano izquierda se hizo de noche,
y me unte tu cintura, adelgacé mis ojos
para estarte soñando, disminuí lo vano,
me caí en lo serio y no supe que decir.
De lo sencillo abarque al fin y al cabo,
esa tu voz que se hace caber en una casualidad
para amarrarla a mis suspiros
Decir acaso deba que escucharte,
es como oír a un beso estirarse en el sol,
a una rosa asomarse sigilosamente
por la ventana del mar,
a una luz destajándose el ardor
de la oscuridad
Y quise acariciarte aunque fuera solo
una caricia, y sin querer te acaricie cien veces,
las mismas veces que soñé con ese momento.
Dedicado con todo el respeto que se merece, para Amelie Poulain.
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