coral
Una dama muy querida en esta casa.
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¿Cómo no recordar tus pequeños ojos tristes?
si son como dos lagos, donde se quedaron
enterrados tus crueles desengaños.
¿Cómo he de olvidar tu historia?
si la tienes tatuada en cada cráter pegado a tus mejillas
y en tus labios delgados titilando palabras ya casi entumecidas
que una vez fueron fuente de almíbar.
Me perturban tus días, solitaria, escondida,
mariposa disecada que una vez fue lucero
de mañanas nocturnas.
Y te pienso en mis sueños, te imagino dormida,
cual muñeca de trapo; ya no eres aquella porcelana,
que vestías los mantos, esos mantos sagrados,
donde en muchas borrascas nos brindaste tu amparo.
Hoy cual frágil muñeca con manitos de felpa,
delicada pequeña a merced de tus dueñas,
ya no silban tus labios, ya no arreglas tu estancia,
ya te quedas dormida sin repicar campanas,
ya no adornas tu lecho con las sábanas blancas,
ni les riegas perfumes con olor de alhucema
ni colocas claveles en floreros de plata.
¡Yo recuerdo tu historia! mi dulce cantarina
cuando tarareabas, parecías poesía.
Hoy añoro tus manos, tu vida, tu risa
y hasta el ceño fruncido con todas tus angustias
Prudencia arenas
(Coral)
¿Cómo no recordar tus pequeños ojos tristes?
si son como dos lagos, donde se quedaron
enterrados tus crueles desengaños.
¿Cómo he de olvidar tu historia?
si la tienes tatuada en cada cráter pegado a tus mejillas
y en tus labios delgados titilando palabras ya casi entumecidas
que una vez fueron fuente de almíbar.
Me perturban tus días, solitaria, escondida,
mariposa disecada que una vez fue lucero
de mañanas nocturnas.
Y te pienso en mis sueños, te imagino dormida,
cual muñeca de trapo; ya no eres aquella porcelana,
que vestías los mantos, esos mantos sagrados,
donde en muchas borrascas nos brindaste tu amparo.
Hoy cual frágil muñeca con manitos de felpa,
delicada pequeña a merced de tus dueñas,
ya no silban tus labios, ya no arreglas tu estancia,
ya te quedas dormida sin repicar campanas,
ya no adornas tu lecho con las sábanas blancas,
ni les riegas perfumes con olor de alhucema
ni colocas claveles en floreros de plata.
¡Yo recuerdo tu historia! mi dulce cantarina
cuando tarareabas, parecías poesía.
Hoy añoro tus manos, tu vida, tu risa
y hasta el ceño fruncido con todas tus angustias
Prudencia arenas
(Coral)
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