J.A.Polo
Poeta fiel al portal
I
Entre la noche y la mañana
se paró el pañuelo de dolor,
la niebla acuchillaba al alma
se oyó una lejana oración.
Dormida está con lengua de daga
en la cuna de negro estribor,
no sufre por buena dama
pues en la aurora omite un adiós.
Se embarga a la pena una cana
que a libre albedrío arroja su voz,
y alegre, caminito de la ventana,
mece en el duende un resplandor.
y... para no dar sepultura al amor
me internaré en un sueño de alborada,
con la cintura esposada al pavor,
y en mi pecho una lágrima varada.
II
Ya duerme la plácida rosa,
bebiendo el suspiro de la vela
entre paños de azúcar y nácar
y paredes de espesa madera.
Asciende obediente la escalera
hacia el monte de mármol frío,
la sigue el séquito de lágrimas,
¡ay de mi flácida princesa!
El silencio encumbra la hondura,
a comparsa navega la pena.
Tú vas al eterno amor,
yo te espero en la maleza.
Se apagó la noche eterna,
la fuente lloraba grillos
al canto inerte de una oración,
¡ay de nuestra oscura solera!
Entre la noche y la mañana
se paró el pañuelo de dolor,
la niebla acuchillaba al alma
se oyó una lejana oración.
Dormida está con lengua de daga
en la cuna de negro estribor,
no sufre por buena dama
pues en la aurora omite un adiós.
Se embarga a la pena una cana
que a libre albedrío arroja su voz,
y alegre, caminito de la ventana,
mece en el duende un resplandor.
y... para no dar sepultura al amor
me internaré en un sueño de alborada,
con la cintura esposada al pavor,
y en mi pecho una lágrima varada.
II
Ya duerme la plácida rosa,
bebiendo el suspiro de la vela
entre paños de azúcar y nácar
y paredes de espesa madera.
Asciende obediente la escalera
hacia el monte de mármol frío,
la sigue el séquito de lágrimas,
¡ay de mi flácida princesa!
El silencio encumbra la hondura,
a comparsa navega la pena.
Tú vas al eterno amor,
yo te espero en la maleza.
Se apagó la noche eterna,
la fuente lloraba grillos
al canto inerte de una oración,
¡ay de nuestra oscura solera!
Descanse en paz..
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