legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te has quedado
en el camino impetuoso
de mis deseos;
varada y a la deriva;
sin siquiera saber
que mi lujuria
se satisfizo de ti
ya tantas veces.
Te has quedado
huérfana de ese amor,
desprovista de mi anhelo
por tenerte;
sin saber siquiera
que mi procaz deseo,
ya desfloró
tu pudibundez en sueños.
Yo me marché rubicundo
por el espacio etéreo
de mis empeños reprimidos;
tan lejos de ti,
¡lejísimos!;
donde el más mínimo
destello de tu encanto
no me llegue;
donde la más minúscula
partícula de tus feromonas
no me alcance.
Ahí,
donde muere el deseo
a golpe de castidad forzada.
Será para no volver jamás,
en lo posible,
a pervertir mis emociones,
emasculadas por la contradicción
de ser tan libres
con prohibiciones.
en el camino impetuoso
de mis deseos;
varada y a la deriva;
sin siquiera saber
que mi lujuria
se satisfizo de ti
ya tantas veces.
Te has quedado
huérfana de ese amor,
desprovista de mi anhelo
por tenerte;
sin saber siquiera
que mi procaz deseo,
ya desfloró
tu pudibundez en sueños.
Yo me marché rubicundo
por el espacio etéreo
de mis empeños reprimidos;
tan lejos de ti,
¡lejísimos!;
donde el más mínimo
destello de tu encanto
no me llegue;
donde la más minúscula
partícula de tus feromonas
no me alcance.
Ahí,
donde muere el deseo
a golpe de castidad forzada.
Será para no volver jamás,
en lo posible,
a pervertir mis emociones,
emasculadas por la contradicción
de ser tan libres
con prohibiciones.