Fedora Luckert
Poeta fiel al portal
Hay frente a mi casa
un ábol,
bajo cuya sombra
conocí el amor,
un árbol que en verano
fue pasión ardiente,
un árbol que en invierno
fue testigo del dolor.
Allí en su fina corteza
escribiste mi nombre,
y brotó su savia amarga
para marcar su dolor,
fue sangre que corrió
como desventura agria,
para quedar en el tiempo
como fruto del amor.
Allí entre sus ramas
nos vigilaban los pájaros,
con noble picardía
pillando nuestro primer beso,
captando en nuestros ojos
la suave cobardía,
de sabernos descubiertos
por un aura de embeleso.
Ya ha pasado mucho tiempo
y he regresado a este lugar,
del árbol que me cobijó
solo quedan secas raíces,
y hojas que en el pasado
refrescaban mi emoción,
ahora yacen enterradas
en mi amargo corazón.
Arbol que te secaste
cuando menguó mi pasión;
árbol que te enterraste
para causarme dolor;
árbol que estás muriendo
como fenece este amor.
un ábol,
bajo cuya sombra
conocí el amor,
un árbol que en verano
fue pasión ardiente,
un árbol que en invierno
fue testigo del dolor.
Allí en su fina corteza
escribiste mi nombre,
y brotó su savia amarga
para marcar su dolor,
fue sangre que corrió
como desventura agria,
para quedar en el tiempo
como fruto del amor.
Allí entre sus ramas
nos vigilaban los pájaros,
con noble picardía
pillando nuestro primer beso,
captando en nuestros ojos
la suave cobardía,
de sabernos descubiertos
por un aura de embeleso.
Ya ha pasado mucho tiempo
y he regresado a este lugar,
del árbol que me cobijó
solo quedan secas raíces,
y hojas que en el pasado
refrescaban mi emoción,
ahora yacen enterradas
en mi amargo corazón.
Arbol que te secaste
cuando menguó mi pasión;
árbol que te enterraste
para causarme dolor;
árbol que estás muriendo
como fenece este amor.
Última edición: