Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Si tu cuerpo hablara
Si tu cuerpo hablara con tono de moralidad,
fuera la cordialidad un remanso puntual
de que a la calma la calma,
debo decir, que por no ser nítida ni cotidiana,
ya engreída te arrestas en mis uñas desmemoriadas,
y es que soy el pianista que toca los huesos del aire,
a ti te puedo tocar un tango de tinte delgado
Las quijadas citaras de tu estomago, en las partituras
púdicas de un entorno,
donde se quedan las mariposas semivolando.
Si tu cuerpo me hablara no habría un desorden
alimenticio en mis manos enternecedoras,
es que eres el prefijo de la mejor interpretación
de un eclipse, por la intención de querer hilvanar
una mirada, otra mirada y más miradas tuyas.
Sin abusar de mi quimera semblanza
Tú fuiste mía, hace muchas veces, pero la coraza
del inanimado ya saeta había dejado de ser,
me importa que fuiste o que eres mía, que si tu cuerpo
me platicara una anécdota, lo seduciría entre la maleza
Con modales de soberano, como albor que fuera diáfano
en el ardiente cortejo.
Pero si tu cuerpo hablara, no me diría nada
con tono moral.
Si tu cuerpo hablara, si tu cuerpo hablara,
el mío callar pudiera.
Si tu cuerpo hablara con tono de moralidad,
fuera la cordialidad un remanso puntual
de que a la calma la calma,
debo decir, que por no ser nítida ni cotidiana,
ya engreída te arrestas en mis uñas desmemoriadas,
y es que soy el pianista que toca los huesos del aire,
a ti te puedo tocar un tango de tinte delgado
Las quijadas citaras de tu estomago, en las partituras
púdicas de un entorno,
donde se quedan las mariposas semivolando.
Si tu cuerpo me hablara no habría un desorden
alimenticio en mis manos enternecedoras,
es que eres el prefijo de la mejor interpretación
de un eclipse, por la intención de querer hilvanar
una mirada, otra mirada y más miradas tuyas.
Sin abusar de mi quimera semblanza
Tú fuiste mía, hace muchas veces, pero la coraza
del inanimado ya saeta había dejado de ser,
me importa que fuiste o que eres mía, que si tu cuerpo
me platicara una anécdota, lo seduciría entre la maleza
Con modales de soberano, como albor que fuera diáfano
en el ardiente cortejo.
Pero si tu cuerpo hablara, no me diría nada
con tono moral.
Si tu cuerpo hablara, si tu cuerpo hablara,
el mío callar pudiera.
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