Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
La rosa
Vida mía, una rosa te doy como efluvio
capullo sideral con cutis de almíbar,
ya la barca sobre tu naricita galopa lisonjera,
y es que el polen se va al éter
disfrazado de abeja para volar
junto a la miel de tu boca ufana.
Corres, corres como niña hasta mis brazos crespos,
como a veces el aire se cae
en una mariposa nueva, y más nuevo tu cuerpo
que vuela ágil como agitada rosa tersa.
Aun suelo arrastrar solemne tu arrullo.
Puedo estar descansando en tu vientre
como el universo en una nube que tirita de frío.
Amor, levanta pues la rosa férvida
y que estallen en tus senos la sombra de mil besos.
Soy ese fiel navío que se agazapa
en el puerto de tu memoria.
Una rosa te he dado como efluvio
capullo sideral con cutis de almíbar...
Levántala pues, para que estallen
en tus senos la sombra de mil oleajes,
y así, el cielo te entierre su aguijón de fuego
Llamarada morena, en mi alma te consumes
pero nunca te apagas, sirena de luz.
Dedicado a mi Sirena adorada.
Vida mía, una rosa te doy como efluvio
capullo sideral con cutis de almíbar,
ya la barca sobre tu naricita galopa lisonjera,
y es que el polen se va al éter
disfrazado de abeja para volar
junto a la miel de tu boca ufana.
Corres, corres como niña hasta mis brazos crespos,
como a veces el aire se cae
en una mariposa nueva, y más nuevo tu cuerpo
que vuela ágil como agitada rosa tersa.
Aun suelo arrastrar solemne tu arrullo.
Puedo estar descansando en tu vientre
como el universo en una nube que tirita de frío.
Amor, levanta pues la rosa férvida
y que estallen en tus senos la sombra de mil besos.
Soy ese fiel navío que se agazapa
en el puerto de tu memoria.
Una rosa te he dado como efluvio
capullo sideral con cutis de almíbar...
Levántala pues, para que estallen
en tus senos la sombra de mil oleajes,
y así, el cielo te entierre su aguijón de fuego
Llamarada morena, en mi alma te consumes
pero nunca te apagas, sirena de luz.
Dedicado a mi Sirena adorada.
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