Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
La fiel amiga.
La soledad, como un buen vino, debe ser añeja para que brinde su mejor bouquet. (El autor)
Gracias, soledad,
la fiel amiga
que me visita en algún momento
todos los días...
Cuando todos partieron
a sus lugares (como es debido)
y se llevaron todas sus voces
y sus ruídos
sé que te tengo
al lado,
cómoda en casa,
sé que te agrada
estar conmigo...
Amas estos silencios
cómplices
para rodearme
con tus arrullos las largas horas...
Espera, muestra paciencia,
a que te aprecie,
a que valore esta preferencia
que me prodigas
y que te preste, dócil, mi oído
y que reciba tus enseñanzas
desde el misterio hondo
que puja fuerte
muy dentro mío.
Sí, es necesario
que antes que vuelva
a un grande amor
de esos que tejen grandes delirios,
o que me hunda sin ton ni son
en el parloteo de los amigos
es necesario como decía,
que tú me enseñes, mi fiel amiga,
a restañar la última historia,
la última herida,
a degustar en tu compañía
el largo brindis,
que dialoguemos,
que yo asimile
esas tres lecciones
antes que vuelvan vertiginosos
los aires frescos
de un nuevo día...
EDUARDO MORGUENSTERN
La soledad, como un buen vino, debe ser añeja para que brinde su mejor bouquet. (El autor)
Gracias, soledad,
la fiel amiga
que me visita en algún momento
todos los días...
Cuando todos partieron
a sus lugares (como es debido)
y se llevaron todas sus voces
y sus ruídos
sé que te tengo
al lado,
cómoda en casa,
sé que te agrada
estar conmigo...
Amas estos silencios
cómplices
para rodearme
con tus arrullos las largas horas...
Espera, muestra paciencia,
a que te aprecie,
a que valore esta preferencia
que me prodigas
y que te preste, dócil, mi oído
y que reciba tus enseñanzas
desde el misterio hondo
que puja fuerte
muy dentro mío.
Sí, es necesario
que antes que vuelva
a un grande amor
de esos que tejen grandes delirios,
o que me hunda sin ton ni son
en el parloteo de los amigos
es necesario como decía,
que tú me enseñes, mi fiel amiga,
a restañar la última historia,
la última herida,
a degustar en tu compañía
el largo brindis,
que dialoguemos,
que yo asimile
esas tres lecciones
antes que vuelvan vertiginosos
los aires frescos
de un nuevo día...
EDUARDO MORGUENSTERN