L
lluvia
Invitado
Debilitandome por el consumir diario de versos
vanos, huecos y absurdos;
quisiera que escucharas mi corazón latir,
eclipsando cada estrofa.
Son días, días de enero, enero y cada otro mes del año
que te extraño, pero la esperanza es estéril y el
desequilibrio tan fecundo. Cohabitar con este dolor
me sofoca.
El aire balbucea y flirtea con la soledad;
sabes, duele tanto. Aborrezco interrumpir
el apogeo de tu felicidad; disculpa.
Tengo culpa por enredarme en el hecho
de que ya no estas, y tengo tanto miedo;
te contaría de que, pero ni yo lo se.
Se que navego en charcos de, bueno
ya sabes que; gélidos y oscuros.
Te pediría otra oportunidad, juro lo haría;
si tan solo supiera con certeza que no te volvería a fallar.
No me arrepiento de cada desliz que tomo para
que llegaras a ella, y aunque me muero;
se que estas bien. Pierdo la compostura
al recoger los cachitos de melancolía que causas;
se han vuelto en inmensa gratitud, pues
me enseñaste a ganar y perder.
Debilitandome por el consumir diario de versos
vanos, huecos y absurdos;
quisiera que escucharas mi corazón latir,
eclipsando cada estrofa.
Te extraño, pero la esperanza es estéril y el
desequilibrio tan fecundo.
vanos, huecos y absurdos;
quisiera que escucharas mi corazón latir,
eclipsando cada estrofa.
Son días, días de enero, enero y cada otro mes del año
que te extraño, pero la esperanza es estéril y el
desequilibrio tan fecundo. Cohabitar con este dolor
me sofoca.
El aire balbucea y flirtea con la soledad;
sabes, duele tanto. Aborrezco interrumpir
el apogeo de tu felicidad; disculpa.
Tengo culpa por enredarme en el hecho
de que ya no estas, y tengo tanto miedo;
te contaría de que, pero ni yo lo se.
Se que navego en charcos de, bueno
ya sabes que; gélidos y oscuros.
Te pediría otra oportunidad, juro lo haría;
si tan solo supiera con certeza que no te volvería a fallar.
No me arrepiento de cada desliz que tomo para
que llegaras a ella, y aunque me muero;
se que estas bien. Pierdo la compostura
al recoger los cachitos de melancolía que causas;
se han vuelto en inmensa gratitud, pues
me enseñaste a ganar y perder.
Debilitandome por el consumir diario de versos
vanos, huecos y absurdos;
quisiera que escucharas mi corazón latir,
eclipsando cada estrofa.
Te extraño, pero la esperanza es estéril y el
desequilibrio tan fecundo.
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