Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Muerto tu amor, antes de irte,
velaste su ceniza el santiamén que se vela
el cadáver de una flor.
Sin embargo, yo sigo recordando
el vuelo leve de tu sentimiento, cual efímera,
ideal mariposa que me rondó.
De aquel colibrí de largo beso,
que ya no habré de dar, evoco mi anhelosa,
tu furtiva intención.
De la falange parda de la parra,
recuerdo, en nutrido racimo, tu impudicia febril
de vino, y mi profuso ardor.
La sombra de ese álamo, recuerdo,
marcando a nuestra cita, encuentro y despedida
como reloj de sol.
De la higuera del amor, padezco,
tras mi caída a tu desinterés, el incurable mito
de su maldición.
Y así, mustio en mi propio jardín
de florecidas nostalgias, transito pagano, solo,
sediento el corazón.
.
velaste su ceniza el santiamén que se vela
el cadáver de una flor.
Sin embargo, yo sigo recordando
el vuelo leve de tu sentimiento, cual efímera,
ideal mariposa que me rondó.
De aquel colibrí de largo beso,
que ya no habré de dar, evoco mi anhelosa,
tu furtiva intención.
De la falange parda de la parra,
recuerdo, en nutrido racimo, tu impudicia febril
de vino, y mi profuso ardor.
La sombra de ese álamo, recuerdo,
marcando a nuestra cita, encuentro y despedida
como reloj de sol.
De la higuera del amor, padezco,
tras mi caída a tu desinterés, el incurable mito
de su maldición.
Y así, mustio en mi propio jardín
de florecidas nostalgias, transito pagano, solo,
sediento el corazón.
.
Última edición: