Alexandro
Poeta adicto al portal
El tiempo hoy se detuvo, tan violentamente
que mi alma no tuvo tiempo de llorar.
Las alas hoy han sido cortadas de mi cuerpo,
las lágrimas hoy se esconden en mi corazón.
El cielo, mas que nunca esta negro y con truenos
y rayos, espasmos de dolor agónico que invade
a mi esperanza.
Ojos celestiales miran mi condición.
Seres terrenales que esperan mi partida, mi sufrir.
Hoy están con los dientes blancos de tanto reír,
con el alma llena de satisfacción por mi caer,
por mi humillación ante la realidad, ante el
fracaso. Ante el dolor de verme morir
Escucho voces que llegan a mis oídos,
que entran en mis ojos, en mis plegarias
y en mi corazón. Goteando cada lagrima
con palabras a Dios, para no escuchar tanto dolor,
tanto sufrir, que olvido llorar, de tanto querer morir.
Miro la noche, larga y llena de silencios.
Silencios que serán mi muerte cada día,
cada noche, cada respiro, cada latir
de este corazón que se resiste a dejar
de latir para no sufrir más.
Una sonrisa se dibuja en mis labios,
tras recordar tus palabras y amores,
aunque sea solo por un segundo.
Aunque sea solo por un momento,
déjame seguir muriendo, déjame
seguir llorando a este corazón,
acuchillando cada historia de mi mente
matando cada pasaje del pasado.
Seres inmortales me miran,
esperan mi reacción.
En sueños:
Llego en lo más alto de esta montaña
vislumbrando el amanecer.
Pliego mis alas y reposo en la altura
de estas piedras, mirando salir el sol.
No tengo frió, mi sangre de tanto esfuerzo
al volar ha quedado caliente.
Miro atrás y la noche aun esta presente
pero ocultándose ante el astro sol.
Veo a seres que ya no son fantasmas
ni olvidados de la humanidad volando.
Siento el viento golpear mi rostro,
contemplo el correr del agua que
fluye de la montaña, tan pura, tan fresca.
Recupero mis fuerzas, mi paz, y la humildad
de poder extender mis alas hacia un futuro mejor.
Escucho el batir de unas alas, detrás de mí,
no me doy vuelta a ver, ya no tengo miedo,
no tengo temor a que alguien venga por detrás
y me corte las alas como una vez sucedió.
Siento que sus pies se han apoyado en las rocas
y camina lento hacia mí, y esos pies llegan
a detenerse detrás de mí.
El silencio lo abarca todo, en un segundo
todo se detiene, el sol, las aves, el murmullo
del agua al correr por entre las rocas,
el viento deja de silbar su tono lastimero.
Cierro mis ojos y respiro profundo.
Tan profundo que siento mis costillas
querer romper la piel de mi pecho, y mis pulmones
salir estallando de tanto aire absorbido.
Pero el silencio sigue.
Siento extenderse unas alas, y abrirse cuan
grandes son, siento el movimiento del aire a
mis espaldas.
Mis ojos aun siguen cerrados, pero agacho
la cabeza en espera del golpe final en mi cuello.
Pero tal golpe no llega.
Más bien me abraza con sus alas,
siento el calor de sus plumas,
como abarcan todo mi cuerpo,
cubriéndome con su poder de paz, amor
y solidaridad.
Mis pies se debilitan, quiero caer,
pero estas alas que me abrazan, me atajan.
Siento su respirar en mi cuello,
es tan tierno, como el suspirar de un ser
celestial. Un ángel.
Su voz, me llena los oídos,
me calma el corazón,
y a mi alma le da fuerza y amor.
Doy la vuelta, aun abrazado en sus
poderosas alas,
y al ver su rostro, no hay sorpresa en mí
corazón. Tan solo silencio
por que mis labios ahora
están cerrados por los suyos.
Seres celestiales ahora miran y sonríen.
Por que aunque estaba muerto,
logre revivir del oscuro precipicio del fin.
Esperando extender mis alas, juntos de nuevo
ante este cielo que nos invita, que nos otorga
el poder de la vida.
Aun después de resucitar
Hoy el tiempo se detuvo, pero en mis sueños cada
noche, extiendo mis alas, y vuelo a la montaña
donde se que tu vendrás y me aliviaras.
que mi alma no tuvo tiempo de llorar.
Las alas hoy han sido cortadas de mi cuerpo,
las lágrimas hoy se esconden en mi corazón.
El cielo, mas que nunca esta negro y con truenos
y rayos, espasmos de dolor agónico que invade
a mi esperanza.
Ojos celestiales miran mi condición.
Seres terrenales que esperan mi partida, mi sufrir.
Hoy están con los dientes blancos de tanto reír,
con el alma llena de satisfacción por mi caer,
por mi humillación ante la realidad, ante el
fracaso. Ante el dolor de verme morir
Escucho voces que llegan a mis oídos,
que entran en mis ojos, en mis plegarias
y en mi corazón. Goteando cada lagrima
con palabras a Dios, para no escuchar tanto dolor,
tanto sufrir, que olvido llorar, de tanto querer morir.
Miro la noche, larga y llena de silencios.
Silencios que serán mi muerte cada día,
cada noche, cada respiro, cada latir
de este corazón que se resiste a dejar
de latir para no sufrir más.
Una sonrisa se dibuja en mis labios,
tras recordar tus palabras y amores,
aunque sea solo por un segundo.
Aunque sea solo por un momento,
déjame seguir muriendo, déjame
seguir llorando a este corazón,
acuchillando cada historia de mi mente
matando cada pasaje del pasado.
Seres inmortales me miran,
esperan mi reacción.
En sueños:
Llego en lo más alto de esta montaña
vislumbrando el amanecer.
Pliego mis alas y reposo en la altura
de estas piedras, mirando salir el sol.
No tengo frió, mi sangre de tanto esfuerzo
al volar ha quedado caliente.
Miro atrás y la noche aun esta presente
pero ocultándose ante el astro sol.
Veo a seres que ya no son fantasmas
ni olvidados de la humanidad volando.
Siento el viento golpear mi rostro,
contemplo el correr del agua que
fluye de la montaña, tan pura, tan fresca.
Recupero mis fuerzas, mi paz, y la humildad
de poder extender mis alas hacia un futuro mejor.
Escucho el batir de unas alas, detrás de mí,
no me doy vuelta a ver, ya no tengo miedo,
no tengo temor a que alguien venga por detrás
y me corte las alas como una vez sucedió.
Siento que sus pies se han apoyado en las rocas
y camina lento hacia mí, y esos pies llegan
a detenerse detrás de mí.
El silencio lo abarca todo, en un segundo
todo se detiene, el sol, las aves, el murmullo
del agua al correr por entre las rocas,
el viento deja de silbar su tono lastimero.
Cierro mis ojos y respiro profundo.
Tan profundo que siento mis costillas
querer romper la piel de mi pecho, y mis pulmones
salir estallando de tanto aire absorbido.
Pero el silencio sigue.
Siento extenderse unas alas, y abrirse cuan
grandes son, siento el movimiento del aire a
mis espaldas.
Mis ojos aun siguen cerrados, pero agacho
la cabeza en espera del golpe final en mi cuello.
Pero tal golpe no llega.
Más bien me abraza con sus alas,
siento el calor de sus plumas,
como abarcan todo mi cuerpo,
cubriéndome con su poder de paz, amor
y solidaridad.
Mis pies se debilitan, quiero caer,
pero estas alas que me abrazan, me atajan.
Siento su respirar en mi cuello,
es tan tierno, como el suspirar de un ser
celestial. Un ángel.
Su voz, me llena los oídos,
me calma el corazón,
y a mi alma le da fuerza y amor.
Doy la vuelta, aun abrazado en sus
poderosas alas,
y al ver su rostro, no hay sorpresa en mí
corazón. Tan solo silencio
por que mis labios ahora
están cerrados por los suyos.
Seres celestiales ahora miran y sonríen.
Por que aunque estaba muerto,
logre revivir del oscuro precipicio del fin.
Esperando extender mis alas, juntos de nuevo
ante este cielo que nos invita, que nos otorga
el poder de la vida.
Aun después de resucitar
Hoy el tiempo se detuvo, pero en mis sueños cada
noche, extiendo mis alas, y vuelo a la montaña
donde se que tu vendrás y me aliviaras.
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