Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Imagínate imaginando.
Imagínate que fuera luz el deseo de amarte.
¡Cuánta claridad habría en el mundo!
Música que brota de tus dedos, con la suavidad
quirúrgica de tu corazón de garza.
Imagínate la fragante ternura de un niño
dormido en tu regazo,
protegido por la coraza de tus brazos y tu mirada,
como un faro frente a los farallones del mar.
Como yo te imagino imaginándote:
Arriba, las nubes de tus senos,
yo flotando en tu ombligo, ¡Ah mar tibio!
Abajo, abajo profundo, todo el fuego palpable
contenido por tu cuerpo.
Imagínate a ti misma imaginando el sueño anhelado,
la rosa goteando mi sangre en su espina
y las palabras que brotan del alma
encadenándose con la música del piano
para establecer el poema sobre la blancura de la página.
Imagínate que fuera luz el deseo de amarte.
¡Cuánta claridad habría en el mundo!
Música que brota de tus dedos, con la suavidad
quirúrgica de tu corazón de garza.
Imagínate la fragante ternura de un niño
dormido en tu regazo,
protegido por la coraza de tus brazos y tu mirada,
como un faro frente a los farallones del mar.
Como yo te imagino imaginándote:
Arriba, las nubes de tus senos,
yo flotando en tu ombligo, ¡Ah mar tibio!
Abajo, abajo profundo, todo el fuego palpable
contenido por tu cuerpo.
Imagínate a ti misma imaginando el sueño anhelado,
la rosa goteando mi sangre en su espina
y las palabras que brotan del alma
encadenándose con la música del piano
para establecer el poema sobre la blancura de la página.