chc
Christian
Si alguna vez
por descuido o por realidad
nos caemos de nosotros,
y esa cornisa que tan bien nos contiene
también
se hace delgada como un hilo,
o si la memoria de sabernos
acostumbrados a abrazarnos
no recuerda ya los brazos,
si en un desliz del derrotero
mi cielo no se entiende con tu mar,
y ese continuo repensarnos
no se hace contundente,
no se renueva ni se cura.
Si acaso se almidona la mirada
y tus luces o mis sombras
ya no llenan los espacios,
si el piso o el techo
se convierten en aliados,
y dormimos de costado
sin tocarnos las espaldas,
si no dormimos,
y en consecuencia no despertamos.
Cuando abunde el yo también
como salida sencilla,
cuando no ansíes la hora
de arrojarte a mi silencio
o cuando ya no sientas
que mi locura
todo lo cura.
Cuando en un suspiro
no se escape algún recuerdo,
ni una risa, ni un sentido,
y no se contamine
y se muera
el derecho de extrañarnos,
y nos siente bien la necesidad
de acomodarnos en la ausencia,
cuando el cuerpo se dedique
a complacer sólo al cuerpo
sin que ese haz de magias
que nos vuelve almas
nos sorprenda siempre sin saber
exactamente que ha ocurrido.
Si las dudas se hacen fuertes
a pesar de las certezas
quizá entonces
sea momento
de empezar de nuevo.
por descuido o por realidad
nos caemos de nosotros,
y esa cornisa que tan bien nos contiene
también
se hace delgada como un hilo,
o si la memoria de sabernos
acostumbrados a abrazarnos
no recuerda ya los brazos,
si en un desliz del derrotero
mi cielo no se entiende con tu mar,
y ese continuo repensarnos
no se hace contundente,
no se renueva ni se cura.
Si acaso se almidona la mirada
y tus luces o mis sombras
ya no llenan los espacios,
si el piso o el techo
se convierten en aliados,
y dormimos de costado
sin tocarnos las espaldas,
si no dormimos,
y en consecuencia no despertamos.
Cuando abunde el yo también
como salida sencilla,
cuando no ansíes la hora
de arrojarte a mi silencio
o cuando ya no sientas
que mi locura
todo lo cura.
Cuando en un suspiro
no se escape algún recuerdo,
ni una risa, ni un sentido,
y no se contamine
y se muera
el derecho de extrañarnos,
y nos siente bien la necesidad
de acomodarnos en la ausencia,
cuando el cuerpo se dedique
a complacer sólo al cuerpo
sin que ese haz de magias
que nos vuelve almas
nos sorprenda siempre sin saber
exactamente que ha ocurrido.
Si las dudas se hacen fuertes
a pesar de las certezas
quizá entonces
sea momento
de empezar de nuevo.