Ivonne Estefanía
Poeta fiel al portal
¡Silencio!, se escucha
detrás de la puerta.
Los gritos me abruman,
la paz se me va.
Me quedo sentada
mirando y pensando:
¿y ahora qué hago?
Es triste encontrar
la verdad escondida
que está al final.
Los vientos se olvidan,
no pueden pasar.
La luz me inunda
y a veces no está.
¿Y qué hago al respecto?
Tan sólo pensar,
recordar un instante,
imaginar el futuro,
sospechar de mi mente.
No es nada seguro.
Imágenes claras
pudiera yo ver;
sonidos amables
quisiera escuchar.
Mas no siempre es eso,
a veces no encuentro
motivo o razón
que termine con esto.
Es sólo una voz
que me grita de adentro.
Me grita, me habla,
no me deja escuchar
otras voces lejanas
que quisiera contactar.
Me domina, me obliga
a pensar y actuar.
No me considera a mí
como nada para ella.
Solamente me manipula
como quiere y espera.
Cada acto lo maneja
y yo actúo inconsciente;
no quisiera reprocharla,
pero esto es suficiente.
Me atrevo a retarla
y a volverme competente.
Y grito y la callo
y se rebela completamente.
¡Tú manejas mi mente!
Lo debes tener presente.
Y al gritarle estas cosas,
angustiosa se confía
que podría estar diciendo
una maldita mentira.
Pero no es cierto,
sólo quise advertirlo
para liberarme de ella.
¿Qué he hecho? a mí me digo.
Alterarla más a ella.
Ahora me atrapa y me aprisiona
y me vuelve a dominar.
No me deja ver las cosas
ni tampoco respirar.
Y en vez de pedir perdón
decido hacer rebelión
y encuentro una alternativa
que puede solucionar la vida.
Sacarla de mi mente
o hacerla esclava mía.
Yo soy la dueña de mí.
Malditas las voces que escucho,
no sé para qué les creo
si sólo mi mal esperan.
¡Mejor las mando a condena!
¡Al infierno del olvido!
Y establezco mi dominio
sobre mí misma autocráticamente
ya que para estar consciente
de mi voz me logré deshacer.
detrás de la puerta.
Los gritos me abruman,
la paz se me va.
Me quedo sentada
mirando y pensando:
¿y ahora qué hago?
Es triste encontrar
la verdad escondida
que está al final.
Los vientos se olvidan,
no pueden pasar.
La luz me inunda
y a veces no está.
¿Y qué hago al respecto?
Tan sólo pensar,
recordar un instante,
imaginar el futuro,
sospechar de mi mente.
No es nada seguro.
Imágenes claras
pudiera yo ver;
sonidos amables
quisiera escuchar.
Mas no siempre es eso,
a veces no encuentro
motivo o razón
que termine con esto.
Es sólo una voz
que me grita de adentro.
Me grita, me habla,
no me deja escuchar
otras voces lejanas
que quisiera contactar.
Me domina, me obliga
a pensar y actuar.
No me considera a mí
como nada para ella.
Solamente me manipula
como quiere y espera.
Cada acto lo maneja
y yo actúo inconsciente;
no quisiera reprocharla,
pero esto es suficiente.
Me atrevo a retarla
y a volverme competente.
Y grito y la callo
y se rebela completamente.
¡Tú manejas mi mente!
Lo debes tener presente.
Y al gritarle estas cosas,
angustiosa se confía
que podría estar diciendo
una maldita mentira.
Pero no es cierto,
sólo quise advertirlo
para liberarme de ella.
¿Qué he hecho? a mí me digo.
Alterarla más a ella.
Ahora me atrapa y me aprisiona
y me vuelve a dominar.
No me deja ver las cosas
ni tampoco respirar.
Y en vez de pedir perdón
decido hacer rebelión
y encuentro una alternativa
que puede solucionar la vida.
Sacarla de mi mente
o hacerla esclava mía.
Yo soy la dueña de mí.
Malditas las voces que escucho,
no sé para qué les creo
si sólo mi mal esperan.
¡Mejor las mando a condena!
¡Al infierno del olvido!
Y establezco mi dominio
sobre mí misma autocráticamente
ya que para estar consciente
de mi voz me logré deshacer.
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