camicho
Poeta asiduo al portal
Trae puesta una bata blanca,
larga hasta los tobillos.
Y en cada muñeca, lleva atados
los extremos de una sábana.
Corre en círculos por el patio.
Le toca ser un fantasma.
Acosa a todos sus compañeros
queriendo espantarlos.
Se detiene de pronto,
atrapa sus codos. Se mece en el sitio.
Lágrimas en sus ojos. Se lee la ira.
Al frente, enfermeras.
Aletea con fuerza, huye.
Se oculta bajo la sombra del sauce.
De cuclillas, espía tras la sabana.
Todo calmo, emprende vuelo.
Sus gritos son muy desagradables.
Aun así, provoca una sonrisa.
Su falta de cordura le permite caracterizar
cada día un nuevo personaje.
Suave brisa su rostro acaricia,
gira sobre la punta de sus pies
cual bailarín de ballet. Realiza un salto.
Equivoca el paso. Cae de nuca.
Sonríe aun aturdida,
a quien la recoge en brazos del césped
Siente cálido su pecho, recuesta la cabeza.
Ve muy cerca nubes, pero no le interesa.
Al mirar abajo, ve su cuerpo tendido.
Sus prendas teñidas de rojo
Alrededor gente, intentado reanimarla.
Cierra los ojos, se aferra a quien la abraza.
Despierta atada a una cama
por algunas semanas.
Sentada en una silla con ruedas,
observa el patio , entre las persianas.
La nostalgia en su mirada conmueve.
Ya no pronuncia palabras.
Extrañamos a ese personaje diferente,
de cada medio día.
Se escuchan gritos distintos.
Al salir al patio vemos un alboroto;
persigue a sus compañeros con la silla de ruedas.
Sonríe. ¡Despertó! Hoy cree ser un vehículo
larga hasta los tobillos.
Y en cada muñeca, lleva atados
los extremos de una sábana.
Corre en círculos por el patio.
Le toca ser un fantasma.
Acosa a todos sus compañeros
queriendo espantarlos.
Se detiene de pronto,
atrapa sus codos. Se mece en el sitio.
Lágrimas en sus ojos. Se lee la ira.
Al frente, enfermeras.
Aletea con fuerza, huye.
Se oculta bajo la sombra del sauce.
De cuclillas, espía tras la sabana.
Todo calmo, emprende vuelo.
Sus gritos son muy desagradables.
Aun así, provoca una sonrisa.
Su falta de cordura le permite caracterizar
cada día un nuevo personaje.
Suave brisa su rostro acaricia,
gira sobre la punta de sus pies
cual bailarín de ballet. Realiza un salto.
Equivoca el paso. Cae de nuca.
Sonríe aun aturdida,
a quien la recoge en brazos del césped
Siente cálido su pecho, recuesta la cabeza.
Ve muy cerca nubes, pero no le interesa.
Al mirar abajo, ve su cuerpo tendido.
Sus prendas teñidas de rojo
Alrededor gente, intentado reanimarla.
Cierra los ojos, se aferra a quien la abraza.
Despierta atada a una cama
por algunas semanas.
Sentada en una silla con ruedas,
observa el patio , entre las persianas.
La nostalgia en su mirada conmueve.
Ya no pronuncia palabras.
Extrañamos a ese personaje diferente,
de cada medio día.
Se escuchan gritos distintos.
Al salir al patio vemos un alboroto;
persigue a sus compañeros con la silla de ruedas.
Sonríe. ¡Despertó! Hoy cree ser un vehículo