chc
Christian
A Rosana.
Esto que hoy me reúne
con vos,
y con todos
los que alguna vez,
por verdad
o por descarte
se colmaron,
por decisión
o casualidad,
de tu blanca investidura,
es mucho más
que una lógica escena.
Y quizá debieras
escucharme,
cuando te miro
y te digo que tu hoy
no se compara a mi ayer,
porque yo he vivido
buscando piezas
que por fin te completen,
deshaciendo silencios
en hojas en blanco,
convirtiendo mis ojos
en trenes
y en rieles las rejas.
Tal vez
debieras sentirte
una mujer completa,
y ya sé que esto suena
jactancioso,
pero lo digo por vos,
en pos de abrir
esa vana armadura
que protege tu aleteo.
En esta tarea
jubilosa, chillona,
festiva y ambiciosa,
de concederte lo desconocido,
de aferrarte a lo posible,
de re madurar lo caído,
es probable que me pierda,
es posible que me tiente
de renovar inquietudes.
Pero no te guardes,
no te entregues,
no te emancipes,
de la aurora que los despabila.
Por el contrario,
entregate, emancipate,
despabilate,
al amanecer.
Como un rocío,
como un desayuno,
como un puesto de diarios.
Esto que hoy me reúne
-y es mejor que sea
sólo con vos-
se llama vivirse
y buena costumbre.
Se llama latido,
pero en serio,
no el de los médicos.
Esto,
me sucede
con tu cartera,
con el teléfono,
con el sillón y con el lápiz,
y espero que vos
y todos y cada cosa
sientan lo mismo.
Esto que hoy me reúne
con vos,
y con todos
los que alguna vez,
por verdad
o por descarte
se colmaron,
por decisión
o casualidad,
de tu blanca investidura,
es mucho más
que una lógica escena.
Y quizá debieras
escucharme,
cuando te miro
y te digo que tu hoy
no se compara a mi ayer,
porque yo he vivido
buscando piezas
que por fin te completen,
deshaciendo silencios
en hojas en blanco,
convirtiendo mis ojos
en trenes
y en rieles las rejas.
Tal vez
debieras sentirte
una mujer completa,
y ya sé que esto suena
jactancioso,
pero lo digo por vos,
en pos de abrir
esa vana armadura
que protege tu aleteo.
En esta tarea
jubilosa, chillona,
festiva y ambiciosa,
de concederte lo desconocido,
de aferrarte a lo posible,
de re madurar lo caído,
es probable que me pierda,
es posible que me tiente
de renovar inquietudes.
Pero no te guardes,
no te entregues,
no te emancipes,
de la aurora que los despabila.
Por el contrario,
entregate, emancipate,
despabilate,
al amanecer.
Como un rocío,
como un desayuno,
como un puesto de diarios.
Esto que hoy me reúne
-y es mejor que sea
sólo con vos-
se llama vivirse
y buena costumbre.
Se llama latido,
pero en serio,
no el de los médicos.
Esto,
me sucede
con tu cartera,
con el teléfono,
con el sillón y con el lápiz,
y espero que vos
y todos y cada cosa
sientan lo mismo.