Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cinética ambrosía exudó el poro del amor,
cuando al fragor del deseo, un beso desencadenó la apertura
hacia las escalinatas donde se juntaron la pasión con el ardor
Las mariposas que retozaban en el estómago, ante el incipiente clamor,
hicieron cosquillas entumecidas, se asomaron a la boca,
y como locos nos arrebolamos apresurándonos a la unión
En sal, sudor y esperma se desgastó la vela del amor
Las lámparas se hicieron luciérnagas,
y un silencio de ensueño, invadió la habitación
Y en el tibio abrazo, el aún acelerado latido,
sirvió de almohada y de colchón.
Y no hubo verbo arrepentido,
sólo la pauta, para esta alocución
cuando al fragor del deseo, un beso desencadenó la apertura
hacia las escalinatas donde se juntaron la pasión con el ardor
Las mariposas que retozaban en el estómago, ante el incipiente clamor,
hicieron cosquillas entumecidas, se asomaron a la boca,
y como locos nos arrebolamos apresurándonos a la unión
En sal, sudor y esperma se desgastó la vela del amor
Las lámparas se hicieron luciérnagas,
y un silencio de ensueño, invadió la habitación
Y en el tibio abrazo, el aún acelerado latido,
sirvió de almohada y de colchón.
Y no hubo verbo arrepentido,
sólo la pauta, para esta alocución
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