chc
Christian
A Rosana.
La luna ya quisiera tener tu espalda.
Con todas esas luciérnagas
que parecen lunares.
Las piernas de mis dedos,
como astronautas
suben y bajan por los peldaños
de tus vértebras alfombradas
como el pasillo de una Iglesia.
Tendida como una sábana
recién lavada,
tu espalda
se me dedica
como el sol a la sábana,
y ya quisiera amarrarla
con dos besos a mi pecho
en la soga del recuerdo,
y ciertamente a mi pecho
cada noche cuando te abrazo
por la espalda.
Tu espalda esta llena de constelaciones, y juego a unir puntos,
ciegos o visibles,
pero en ese vaivén
rítmico e improvisado
se me va la noche
noche a noche.
Y hay momentos
en que quisiera que te des vuelta,
sé que detrás de tu espalda
hay tesoros escondidos,
pero no quiero que el mapa
que me tienta a buscarlos
me de la espalda.
Porque es un oleaje de piel
que me revuelca
hasta la orilla del deseo,
y a la vez está tan calmo
que me invita
a nadar mar adentro.
Me doy cuenta cada noche
que las luciérnagas
que sobre ella se posan,
no son tales,
que son una noche
estrellada de lunares,
cualquier otra noche
que no es la de todos.
Y es un bosque de día
con tiernas mordidas.
Una siesta de tarde
con sugerente escote.
Los cinco minutos
que le faltan a la espera.
Lo inesperado de un susto
que nos deja temblando.
El padre, el hijo
y el espíritu santo,
el azufre del diablo
y el diablo en los labios.
Y al diablo la luna
y al cielo tu espalda,
y a veces también lo contrario.
Y seguramente la luna
quisiera tener tu espalda.
Pero mientras tanto,
mientras no pueda verla
seguiré alunizando en la tuya.[/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT]
La luna ya quisiera tener tu espalda.
Con todas esas luciérnagas
que parecen lunares.
Las piernas de mis dedos,
como astronautas
suben y bajan por los peldaños
de tus vértebras alfombradas
como el pasillo de una Iglesia.
Tendida como una sábana
recién lavada,
tu espalda
se me dedica
como el sol a la sábana,
y ya quisiera amarrarla
con dos besos a mi pecho
en la soga del recuerdo,
y ciertamente a mi pecho
cada noche cuando te abrazo
por la espalda.
Tu espalda esta llena de constelaciones, y juego a unir puntos,
ciegos o visibles,
pero en ese vaivén
rítmico e improvisado
se me va la noche
noche a noche.
Y hay momentos
en que quisiera que te des vuelta,
sé que detrás de tu espalda
hay tesoros escondidos,
pero no quiero que el mapa
que me tienta a buscarlos
me de la espalda.
Porque es un oleaje de piel
que me revuelca
hasta la orilla del deseo,
y a la vez está tan calmo
que me invita
a nadar mar adentro.
Me doy cuenta cada noche
que las luciérnagas
que sobre ella se posan,
no son tales,
que son una noche
estrellada de lunares,
cualquier otra noche
que no es la de todos.
Y es un bosque de día
con tiernas mordidas.
Una siesta de tarde
con sugerente escote.
Los cinco minutos
que le faltan a la espera.
Lo inesperado de un susto
que nos deja temblando.
El padre, el hijo
y el espíritu santo,
el azufre del diablo
y el diablo en los labios.
Y al diablo la luna
y al cielo tu espalda,
y a veces también lo contrario.
Y seguramente la luna
quisiera tener tu espalda.
Pero mientras tanto,
mientras no pueda verla
seguiré alunizando en la tuya.[/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT][/FONT]
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