Oscar Alfaro Riv
Poeta recién llegado
ORACIÓN DEL MARINO
Déjame ser marino
eternamente, mi Dios.
Aún después
de los setenta y brinco.
Para soñar con ella,
desde la cresta de una ola.
Para volar de mar a puerto,
con la mirada.
Para fondear mi barco,
como en los temporales
de Sudáfrica,
entre los pliegues
de su ombligo.
Para seducirla
en segundos,
en mi exótico pecado.
Navegar subiendo
los océanos de sus senos.
Bajar a la gira,
el canal de su espalda.
Recorrer sin prisa,
los continentes
de sus nalgas.
Y, con todo el embrujo
de los siete mares,
dragar con mi ancla
En su muelle
mas secreto.
eternamente, mi Dios.
Aún después
de los setenta y brinco.
Para soñar con ella,
desde la cresta de una ola.
Para volar de mar a puerto,
con la mirada.
Para fondear mi barco,
como en los temporales
de Sudáfrica,
entre los pliegues
de su ombligo.
Para seducirla
en segundos,
en mi exótico pecado.
Navegar subiendo
los océanos de sus senos.
Bajar a la gira,
el canal de su espalda.
Recorrer sin prisa,
los continentes
de sus nalgas.
Y, con todo el embrujo
de los siete mares,
dragar con mi ancla
En su muelle
mas secreto.