Testarudo hace valer sus horas,
clavándome una estaca por día,
el tiempo gruñón
e inquieto
si la vista no levanto.
Sus dientes son poco amistosos,
sin embargo,
de leche parecen
cuando percibo extrañado,
esos segundos que no puedo dominar
y silenciar no quiero.
Cada vez que un año se cumple,
lo archiva desnudo,
y quién sabe que hace
porque luego en mis recuerdos
siempre estás tu.
Será sin darme cuenta,
que líneas nuevas en tu piel registro
o sonrisas de las demás distintas,
gestos que antes no vi
o palabras en tono diferente.
Tomar tu mano,
es el permiso de mi cuerpo,
para que tus alegrías, desdichas,
inseguridades y temores,
en mi se internen
y en ocasiones viendo tus ojos
distraídos o quizá perdidos
sabiendo que no los alcanzaré,
igual los sigo.
Por ese tiempo de apariencia hostil,
creo en el amor de todos los días
y en los sentimientos
que eternos danzan,
y que una mañana cualquiera
por él asentados aparecen
en la foja de un día que viví
que no me percaté.