Sentado en su ardiente trono
Sol teje mantas de fuego
para arropar la duna;
y bate ardientes alas a vuelo,
como ave fénix
de sus cenizas saliendo.
Un hombre solo,
sus ojos oscurecidos por los años,
refugiado bajo una roca
quizás más vieja que él,
sonríe una sonrisa amarilla
de pocos dientes
y observa callado
el océano sin olas.