E
E. R. Aristy
Invitado
Cuando te encuentro ahí mujer,
insinuadamente tendida,
hermosa como una copiosa arboleda
por donde viajara la música,
como una fiel playa sin fronteras
por donde el agua se adentrara,
como un desprendido cielo estrellado
que quisiera reposar de su hermosura;
te reconozco sin dudarlo.
¡Ah, tu cuerpo libre para mis manos,
donde los virginales recodos aún vivos
son manantiales de espuma clara,
luna creciente en la mañana,
plácido valle sembrado de espigas,
celestial montaña donde una blanca nieve
aún llueve!
Cuando te encuentro ahí mujer,
insinuadamente callada después del fuego
donde tu boca ya no es llama ni calor
sino un reposado tigre sin instintos,
miro y amo cada instante
de tu silencio retraído
que en estos momentos vive y duerme en ti.
Y hacia ti vuelo como mar del paraíso
buscando los bordes de tu cuerpo,
celestiales lugares por donde me pierdo.
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Cuando se ama fuera del ardiente lecho, en el después del apasionamiento, donde tu boca ya no es llama ni calor sino un reposado tigrese empieza a amar la presencia, la compañía, los intercambios de todo aquello que ocurre y discurre en el ser amado. Me maravillas, querido Qalat.