Reconozco que vos me hicisteis vulnerable,
porque me hiciste conocer el verdadero amor.
Vos me hicisteis morder el polvo de la carne
Y también me revelasteis el auténtico dolor
Vos chupasteis de mí, la turbia sangre
Y de vuestra ingle, yo absorbí toda traición.
Vos, como mariposa que vuela por los aires,
te posaste victorioso en mi balcón
Yo no supe de amor más lisonjero.
Yo no supe de otro amor con más sabor.
Yo al amaros sentí siempre, que tocaba el cielo,
y al perderos en las puertas del infierno ahora estoy
Yo aprendí a comer de vuestros desmanes.
Y amamanté con mis ardores vuestro clamor
Yo cegué la duda interna, a cada instante,
porque la tentación de teneros siempre fue mayor
Yo os amé, en resumen, y me place,
y hasta lo gritaría en medio de la plaza mayor.
¡Nada importa!, porque ahora puedo tutearte y la sensación que me dio el amarte,
de esa
de esa solamente conozco yo
¡Qué me celen las gaviotas de otros puertos!.
¡Qué me celen los sueños al soñarte!.
¡Qué me cele la risa, qué me cele el ruiseñor!,
porque río, y canto en cielo, infierno, ¡en todas partes!
recordando, que de tu mundo yo conozco el interior,
y son muchas las que quisieran, aunque sea sólo rozarte,
pero habrán de quedarse con la purita intención
Eres mío, y aunque me haya ido y me encuentre en otra parte,
la dueña de tu alma y tu deseo, ¡siempre seré yo!
Así que puedes inútilmente desgastarte
intentando probar de cualquier otro sabor
Sé muy bien que llegarás alguna tarde,
arrepentido, buscando mis besos e implorando mi calor
porque solamente yo puedo entregarme
con la absoluta evidencia de que es a mí a quien le haces el amor