Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Uno se pregunta incesantemente cuál es la hora,
el minuto y el segundo marcado con su nombre.
Yo lo veo en mamá, en sus ojos que todavía brillan
con la esperanza de quedarse por aquí por mucho tiempo.
Esos temores que todos sufrimos a diario,
muchos nos negamos a reconocerlos y los ignoramos,
otros viven su preocupación matemáticamente,
con un cuenta gota arcaico para detener el tiempo.
A mi me preocupan las arrugas en las páginas de mis libros,
y soy descuidado con las tildes por haraganería;
a veces se me olvidan las cosas porque pienso en tantas
y soy propenso a crear mis propios vocablos,
los que el diccionario digital no encuentra
y tengo que buscarlos en el verdadero.
A mi me gustan esas palabras que toman vuelo,
esas conjugaciones que no existen es la voz, dice Roxane.
Pero yo me quedo como un niño con los ojos mojados,
con esas preguntas que nos acosan,
¿sería yo parte del deicidio?
Con esos poemas dormidos en el corazón,
escondidos porque tienen temor de nacer en este mundo mudo.
A gritos guardando las voces que chocan contra el ocaso
cuando el papalote no tiene vuelo...
::Besos