camicho
Poeta asiduo al portal
Perenne sensaciones dilatadas hasta el borde,
allí genuflexo, cubierta la mirada con congoja.
Palmas sucias, costrosas y sangrantes.
Eco hacen los lamentos
escurriéndose a la arista de los codos
subrayados con amorfas cicatrices.
Gases tóxicos, hollín y residuos de humos
maquillan las paredes con sucios grises.
Camuflan rostros tristes
matizados con el medio.
Abrigo grueso llega a los tobillos,
oculta los grilletes de mediocridad
que ocasiona una marcha lenta,
imantada junto con la mirada a la acera.
Aliento a alcohol, evita
ser presa del recuerdo nefasto
o el frío cortante.
Cartones en el piso, una morada casual;
ideal para solicitar monedas
a conciencias aturdidas por tal espectáculo.
Una reseña cuelga del cuello
con fatalidad escrito.
Ausencia del habla o algún miembro.
Gafas oscuras ocultan la mirada
supone una tara a cuestas.
Un grito disonante, escapa hacia el sur
no se percibe claramente.
Se asume, la solicitud por algunos cobres.
Gime también el acero, eje de ruedas,
bajo la tabla de madera
que hace de sus piernas
y lo lleva con la ayuda del remar
que hacen sus brazos en el pavimento.
Mano en alto, sosteniendo una lata
a la altura de bolsillos indiferentes
de peatones poco o nada cautos.
Evasivas miradas, sin querer ser testigos
de los olores que emana.
Barba grande decorada con restos
secos de comida y secreciones.
Cabellos entrelazados, tejidos a mano
Bastante astillado.
Clásica muestra de personajes de reparto
en todas las arterias de cemento.
Finada la jornada,
con el altruismo de algunos basta.
Para cambiar de morada.
Espera temeroso que las vías se asolen.
Rápido se incorpora, retira su miserable atuendo
con su transporte de madera en mano,
Asegura el dinero ganado con esfuerzo.
Camina lento, cruza la calle,
creando ideas para el performance de mañana.
O el licor de la madrugada.
Aturdido, sólo percibe luces
Gente que lo asiste.
Su cuerpo está recostado
rodeado de rojo carmesí
en el límite vehicular con la acera.
Sudoroso, despierta abrumado
una botella de ron lo acompaña.
Comprende que es un sueño,
ya es de tarde,
momento justo para laborar.
o estafar nuevamente.
allí genuflexo, cubierta la mirada con congoja.
Palmas sucias, costrosas y sangrantes.
Eco hacen los lamentos
escurriéndose a la arista de los codos
subrayados con amorfas cicatrices.
Gases tóxicos, hollín y residuos de humos
maquillan las paredes con sucios grises.
Camuflan rostros tristes
matizados con el medio.
Abrigo grueso llega a los tobillos,
oculta los grilletes de mediocridad
que ocasiona una marcha lenta,
imantada junto con la mirada a la acera.
Aliento a alcohol, evita
ser presa del recuerdo nefasto
o el frío cortante.
Cartones en el piso, una morada casual;
ideal para solicitar monedas
a conciencias aturdidas por tal espectáculo.
Una reseña cuelga del cuello
con fatalidad escrito.
Ausencia del habla o algún miembro.
Gafas oscuras ocultan la mirada
supone una tara a cuestas.
Un grito disonante, escapa hacia el sur
no se percibe claramente.
Se asume, la solicitud por algunos cobres.
Gime también el acero, eje de ruedas,
bajo la tabla de madera
que hace de sus piernas
y lo lleva con la ayuda del remar
que hacen sus brazos en el pavimento.
Mano en alto, sosteniendo una lata
a la altura de bolsillos indiferentes
de peatones poco o nada cautos.
Evasivas miradas, sin querer ser testigos
de los olores que emana.
Barba grande decorada con restos
secos de comida y secreciones.
Cabellos entrelazados, tejidos a mano
Bastante astillado.
Clásica muestra de personajes de reparto
en todas las arterias de cemento.
Finada la jornada,
con el altruismo de algunos basta.
Para cambiar de morada.
Espera temeroso que las vías se asolen.
Rápido se incorpora, retira su miserable atuendo
con su transporte de madera en mano,
Asegura el dinero ganado con esfuerzo.
Camina lento, cruza la calle,
creando ideas para el performance de mañana.
O el licor de la madrugada.
Aturdido, sólo percibe luces
Gente que lo asiste.
Su cuerpo está recostado
rodeado de rojo carmesí
en el límite vehicular con la acera.
Sudoroso, despierta abrumado
una botella de ron lo acompaña.
Comprende que es un sueño,
ya es de tarde,
momento justo para laborar.
o estafar nuevamente.