Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Guardo en vaso la piel de la noche Dueto Francisco Iván Pazualdo / En anonimato
Guardo en un vaso la piel
de la noche,
apenas fuera ávida mi manera
de colgarme de las piernas de una silaba cualquiera.
Versos, estrechan mi memoria
más no son dolores cualquiera
hoy desperté sin ojos
por donde las lagrimas ayer salieran.
Y esta tu pasado comiendo escarcha
la memoria elige donde saltar
aunque salte muy arriba del alma
o muy cerca de marzo.
Escarchado el viento
que ya no solapa ni mi tristeza
escarchado el tiempo
que se afana en matar
la poca entereza que me resta.
Pero si mi boca es un huracán
que se cose a tu saliva desolada
y ese pesar a cuestas
se levanta dormido a caminar en tus mejillas.
De mi, nada queda vivo
fui llamarada que se apago
huracán que no fue ni ventisca
fui la otra que no soy, por pretender lo que no era.
En mi, se esta entregando la pedrada
de la hambre de que sueñes
como soñabas cuando se nublaba
una pesadilla que no tenía caridad.
Un sueño sin nombre, el que tuve
mas las nubes persisten
aunque mi alma llore
algún recuerdo quedara en mí, que esta pena haga menos.
Las nubes son un caballo blanco
y el recuerdo un cadáver
que sabe a hielo
y a discordia cansada.
Ese cadáver es a lo único que me aferro
todo lo perdí... ¡Todo !
ni el cansancio surte efecto
solo el dolor lento, que tortura, el que mata todos mis recuerdos.
El cansancio es un libro abierto
que se aferra a ser leído
que nos entretiene con su pena magra
y nos mata con su lectura furtiva.
Misericordioso te veo
tan sabio del dolor y sus juegos
director de la orquesta de muchos anhelos
seca tu mejilla, que ya estoy muriendo.
Soy misericordioso y espeso,
habla por mi, habla por mí
que los demonios triviales
te van dejando sin sombra nueva y vieja.
Soy ya; un tan solo un cuerpo yerto
sin vida, sin aliento
y solo viento.
Mis ojos ya no brillan como lo hacían.
Y yerto mi cigarro religioso
se ata a tu cuerpo mudo
y te vas a donde el ocaso
y a donde mi mente te piensa y te piensa.
Ya no seré más que un pensamiento
soy un cadáver, y aun sigo sufriendo.
Tengo la suerte de ser pensamiento
pero sucede que te fuiste
a donde ya no giran las fragancias
y los árboles son revistas leyendo un luto.
Guardo en un vaso la piel
de la noche,
apenas fuera ávida mi manera
de colgarme de las piernas de una silaba cualquiera.
Versos, estrechan mi memoria
más no son dolores cualquiera
hoy desperté sin ojos
por donde las lagrimas ayer salieran.
Y esta tu pasado comiendo escarcha
la memoria elige donde saltar
aunque salte muy arriba del alma
o muy cerca de marzo.
Escarchado el viento
que ya no solapa ni mi tristeza
escarchado el tiempo
que se afana en matar
la poca entereza que me resta.
Pero si mi boca es un huracán
que se cose a tu saliva desolada
y ese pesar a cuestas
se levanta dormido a caminar en tus mejillas.
De mi, nada queda vivo
fui llamarada que se apago
huracán que no fue ni ventisca
fui la otra que no soy, por pretender lo que no era.
En mi, se esta entregando la pedrada
de la hambre de que sueñes
como soñabas cuando se nublaba
una pesadilla que no tenía caridad.
Un sueño sin nombre, el que tuve
mas las nubes persisten
aunque mi alma llore
algún recuerdo quedara en mí, que esta pena haga menos.
Las nubes son un caballo blanco
y el recuerdo un cadáver
que sabe a hielo
y a discordia cansada.
Ese cadáver es a lo único que me aferro
todo lo perdí... ¡Todo !
ni el cansancio surte efecto
solo el dolor lento, que tortura, el que mata todos mis recuerdos.
El cansancio es un libro abierto
que se aferra a ser leído
que nos entretiene con su pena magra
y nos mata con su lectura furtiva.
Misericordioso te veo
tan sabio del dolor y sus juegos
director de la orquesta de muchos anhelos
seca tu mejilla, que ya estoy muriendo.
Soy misericordioso y espeso,
habla por mi, habla por mí
que los demonios triviales
te van dejando sin sombra nueva y vieja.
Soy ya; un tan solo un cuerpo yerto
sin vida, sin aliento
y solo viento.
Mis ojos ya no brillan como lo hacían.
Y yerto mi cigarro religioso
se ata a tu cuerpo mudo
y te vas a donde el ocaso
y a donde mi mente te piensa y te piensa.
Ya no seré más que un pensamiento
soy un cadáver, y aun sigo sufriendo.
Tengo la suerte de ser pensamiento
pero sucede que te fuiste
a donde ya no giran las fragancias
y los árboles son revistas leyendo un luto.
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